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Juegos de poder

Elemento fundamental de estos movimientos fue la utilización y exaltación de la violencia como método e identidad política.

Leo Zuckermann

Cuenta la historia que mi bisabuelo materno decidió migrar de Italia cuando vio los primeros fasci uniformados de negro tomando las calles de Turín. Le parecieron abominables esos paramilitares del movimiento de Mussolini que se mostraban muy violentos, sobre todo contra socialistas y sindicalistas. La decisión del bisabuelo de llevarse a toda su familia, a un lejano país llamado México, los salvó de los horrores del fascismo italiano y de la Segunda Guerra Mundial.

El fascismo sería luego imitado en otros países europeos, de manera destacada por el nazismo en Alemania.

Elemento fundamental de estos movimientos fue la utilización y exaltación de la violencia como método e identidad política.

Los fascistas rechazaban los preceptos de la democracia-liberal: El debate, la negociación y el pluralismo. Creían, más bien, en la política como imposición por la fuerza. Al adversario no lo consideraban legítimo. Había, por tanto, que intimidarlo, golpearlo y hasta eliminarlo.

Gustosamente, los fasci se encargaban de ello.

La violencia también era espectáculo. La estética fascista la exaltaba y glorificaba con marchas, uniformes, símbolos y desfiles. Los “camisas negra” imponían respeto por medio del miedo.

Su líder, Mussolini, decía: “La violencia es moral cuando sirve a un fin superior”. Él, por supuesto, definía dicho fin.

Los fascistas del periodo entre guerras le echaban la culpa de todos los males de un país a sus enemigos permanentes: Comunistas, liberales, judíos, migrantes. Los estereotipaban y deshumanizaban con el fin de justificar la violencia en contra de ellos.

Ya sabemos el saldo nefasto que dejó el fascismo y sus imitadores.

Lo traigo a colación por lo que está ocurriendo en Estados Unidos.

Me preocupa, y mucho, la deriva fascista de MAGA, el movimiento liderado por el presidente Trump.

Las señales están ahí presentes. El líder justifica la violencia “por el bien del país”.

Para Trump, los problemas de Estados Unidos se deben a los migrantes indocumentados. Son los enemigos que deben desterrarse. Hay que reestablecer “el orden” por medio de una fuerza pública que opere en las regiones con gran presencia de migrantes indocumentados gobernados por demócratas debiluchos que son, en realidad, sus protectores: Unos traidores de la patria.

Con Trump se está llevando a cabo una “limpieza étnica”. La está realizando una fuerza paramilitar del Estado: El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, por sus siglas en inglés. Se trata de la agencia federal dependiente del Departamento de Seguridad Nacional encargada de aplicar las leyes migratorias dentro de territorio estadounidense. ICE cuenta con la facultad legal de detener y deportar a las personas sin estatus migratorio regular. Con Trump se ha caracterizado por operar violentas redadas, detenciones y separación de familias.

Por medio de ICE, Trump está cruzando el umbral fascista.

No es gratuito que el Presidente haya ordenado que los operativos se lleven a cabo en ciudades gobernadas por los demócratas. Es evidente el uso político de la violencia en territorios controlados por la oposición.

Ahí, los agentes de ICE han escalado la violencia en este segundo periodo de Trump. Van vestidos como militares, con las caras enmascaradas y utilizando armamento de alto calibre. Las escenas de cómo operan generan miedo; para eso están diseñadas.

En los últimos días, agentes de ICE han asesinado a dos ciudadanos estadounidenses blancos en Minnesota, lo cual ha generado malestar ciudadano en ese país (no ocurre lo mismo, por desgracia, cuando las víctimas son latinos o afroamericanos).

Los videos son clarísimos del abuso de poder de estos paramilitares.

¿Y qué ha hecho el Gobierno de Trump? Defenderlos atacando a las víctimas.

A Renée Nicole Good, de 37 años, le disparó un agente tres tiros que le causaron la muerte. Trump y compañía acusaron de “terrorismo doméstico” a esta pobre mujer que estaba defendiendo a migrantes indocumentados.

A Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, que dedicaba su vida a curar veteranos, lo asesinaron a balazos cuando estaba participando en protestas contra los operativos migratorios. El Gobierno de Trump lo acusó de ir armado a la manifestación, lo cual, por cierto, era su derecho en Estados Unidos. Al momento de dispararle, se encontraba completamente sometido por parte de los agentes de ICE; no representaba una amenaza para ellos.

Espero que el malestar ciudadano por el asesinato de Good y Pretti atempere las tentaciones fascistas del Gobierno de Trump.

De lo que no tengo duda es que el huevo de la serpiente ya se gestó en el vecino del Norte.

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Leo Zuckermann es analista político / periodista y conductor de un programa de opinión en televisión.

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