Por una familia unida
Aunque se reza especialmente estos días, ha de una constante durante todo el año en nuestra oración unidos al Papa.

Voz del Papa
1) PARA SABER
“La adopción como hijos de Dios, del Dios trinitario, es a la vez incorporación a la familia de la Iglesia, inserción como hermanos y hermanas en la gran familia de los cristianos” (Benedicto XVI). El comenzar a ser hijos de Dios se lleva a cabo con el Bautismo, al unirnos a Cristo. Ahí el hombre deja que Dios entre en su alma, y esa unión de con Dios constituye la Iglesia. Por ello la Iglesia no es una institución humana, es la familia de Dios.
Siguiendo una antigua iniciativa, el papa León XIV nos recordó e invitó para que del día 18 al 25 de enero, todos en la Iglesia procuremos pedir por la unidad de los cristianos, para que regresen aquellos que en un momento de la historia se han separado de la Iglesia. Aunque se reza especialmente estos días, ha de una constante durante todo el año en nuestra oración unidos al Papa. Se trata de compartir el deseo de nuestro Señor que quiere la unidad para la Iglesia. Así lo manifestó en la Última Cena al pedirla: “Que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y Yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21).
2) PARA PENSAR
Se cuenta que un hombre, buen católico, tenía un vecino que no lo veía con buenos ojos pues leía sólo noticias escandalosas sobre la Iglesia, la gran mayoría falsas. Y no desaprovechaba cada vez que lo veía para decirle cosas desagradables sobre los católicos y la Iglesia. El buen hombre con paciencia infinita trataba de aclararle sus errores y hacerle ver también las bondades de la Iglesia, pero sin mucho resultado. Hasta que un día en que el vecino empezaba con sus acusaciones, el buen hombre lo invitó al jardín de su casa. Una vez ahí le señaló un gran árbol de mangos y le preguntó: “¿Ves esos mangos que han caído?” Su vecino le dijo que sí, pero no entendía para qué. “¿Y cómo están esos mangos en el suelo?” le preguntó. “Pues están podridos, con gusanos”, contestó. “¿Y por qué crees que están en el piso?”. El vecino le contestó que era porque ya estaban descompuestos y estropeados. “Entonces, ¿crees que porque haya esos frutos podridos, habría que cortar el árbol? ¿O crees que todos los mangos que están en las ramas están podridos?”. El vecino le dijo que por supuesto que no. Entonces el hombre le dijo: “En toda sociedad no faltan miembros descompuestos. La Iglesia es la sociedad más grandiosa que hay en el mundo. Perono se la puede juzgar por los malos frutos caídos debido a su infidelidad a la Iglesia. Hay que ver los buenos frutos que están en las ramas, frutos de santidad, en quienes han seguido las enseñanzas de Jesús”.
3) PARA VIVIR
La unidad con la cual hemos de comprometernos, decía el papa León XIV, nos ha de llevar a vivir de una manera coherente buscando la paz y la justicia en el mundo. Nuestra unión con Cristo, a partir del Bautismo, es un gran don, un tesoro que hemos de valorar y cuidar. Esa unión es la causa de que participemos de la vida divina, de que nuestra alma tenga gracia. Por ello es inseparable nuestra unión con Cristo y nuestra pertenencia a la Iglesia. Como decían los antiguos escritores cristianos: No se puede tener a Dios como Padre, si no se tiene también a la Iglesia como madre.
-------------------------------------------------------------------------------------------
José Martínez Colín es sacerdote, ingeniero (UNAM) y doctor en Filosofía (Universidad de Navarra). (articulosdog@gmail.com)
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados