Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columnas México

El lenguaje de las tiranías

Carranza fue ejemplo de esta complejidad, no obstante, la voz fue convirtiéndose en algo más que una expresión

Joaquín  Robles Linares N

SEPTENTRIÓN

El poder usa un lenguaje que imita, donde las palabras son expresadas con ligereza y los conceptos se llenan de insidia derramando calificativos en quien muestre desacuerdo, desapareciendo al ciudadano y envileciendo la relación política, la unidad nacional deja de ser una aspiración para convertirse en ficción, la República en una fantasía y el futuro en ominosa advertencia.

Las palabras del régimen trastocan su sentido y los términos que durante décadas derivaron en una realidad democrática desaparecen, es el caso del vocablo “federalismo”, citado cómo la más acabada forma de representación política, término que contenía una república con contrapesos y poderes divididos.

Una voz que habitó discursos y proclamas desde el siglo XIX, y en el siglo XX dejó de ser una palabra para convertirse en el arquetipo de Gobierno, una responsabilidad compartida y un convenio civil.

Venustiano Carranza, en su discurso de Hermosillo en septiembre de 1913 revive el federalismo, como todo anhelo político fue difícil de instrumentar, Carranza fue ejemplo de esta complejidad, no obstante, la voz fue convirtiéndose en algo más que una expresión, era una forma de resolver las asimetrías, el concepto que emanaba del término nunca perdió actualidad.

En el régimen instaurado en 2018 la palabra desapareció por completo, en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 se interpreta en los anexos como una vaga referencia histórica.

En el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 tampoco aparece, se deduce al momento de explicar el desarrollo regional, introduciendo términos propios del actual populismo cómo: “Bienestar y pueblo”.

El documento vigente no es un proyecto sino un monumental elogio a su antecesor, la mención a su administración, pensamiento, propuesta así como a su nombre a lo largo del texto son notables.

Durante el conflictivo siglo XX las tiranías instituyeron una forma de comunicar que se convertía en una armadura para imponer su modelo. En 1933 los nazis concibieron una forma de dominar y excluir, se regodearon en la palabra “pueblo” como sinónimo de quienes eran leales, moldeables y sumisos, una masa que había que usar en beneficio de una jerarquía tiránica, militarista, homicida y expansiva, al amparo de este vocablo lo pervirtieron todo:

“Mediante la toma del poder por el partido en 1933, pasó del lenguaje de grupo a lenguaje del pueblo, es decir, se apoderó de todos los ámbitos públicos y privados: De la política, de la jurisprudencia, de la economía, del arte, de la ciencia, de la escuela, del deporte, de la familia, de los jardines de infancia y de las habitaciones de los niños”. (Víctor Klemperer. La lengua del tercer Reich. Apuntes de un filólogo).

Al igual que en otras pesadillas políticas del pasado, en nuestro país el lenguaje se ve sometido, sucumbe ante la insistencia y estilo de quien divide penetrando hasta lo más profundo de la sociedad, el uso sarcástico de frases o términos se convierte en una forma de colonización, terminan asemejándose a su fundador y legitimando los calificativos del poder, opositores que adquieren las formas verbales de sus verdugos, sin advertir que asesinan expresiones que definen la libertad, autonomía y democracia.

El federalismo era una garantía en contra la acumulación del poder, un testimonio tácito ante la pluralidad, la democracia representativa y la materialización de la fuerza y libertad del individuo ante toda forma de autoridad, todo lo que el Gobierno repudia, ahí la urgencia de desaparecer el término de cualquier documento.

El lenguaje en política es un instrumento, en las tiranías se transforma en un arma. Antes que pueblo somos ciudadanos.

-------------------------------------------------------------------------------------------

*Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí

Temas relacionados