La puerta al cielo
En nuestro bautismo sucedió algo semejante como el cuento, guardando las debidas proporciones: El hombre quedó desfigurado con el pecado.

VOZ DEL PAPA
1) PARA SABER
“Sí, fuimos liberados de cadenas, nosotros que fuimos reunidos a la llamada del Señor, por el sacramento del bautismo” (San Paciano). Terminó el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor. Con ese motivo el papa León XIV, como es tradición desde Juan Pablo II, bautizó a 20 niños en la Capilla Sixtina y recordó que nuestro Bautismo tiene dos grandes efectos: Primero, nos hace cristianos, liberándonos del pecado; y segundo, nos transforma en hijos de Dios, por el poder del Espíritu Santo que da la vida. A partir de ahí, hemos de seguir muy cerca al Señor, escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo.
En nuestro bautismo Dios, por su misericordia y su gran amor, nos une a su vida, nos otorga la gracia que es vida divina. Por ello podemos afirmar que Dios no está al margen de nuestra vida, sino que está en nosotros mismos, dice el Papa.
2) PARA PENSAR
Es famoso el cuento de “La Bella y la Bestia”, llevado al cine en varias ocasiones. Es un cuento tradicional europeo y ha tenido muchas variantes. Se piensa que su autora es la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot que lo publicó en 1740, aunque algunos investigadores señalan que su origen es de mucho tiempo atrás.
En el cuento se relata cómo un príncipe muy apuesto, pero que lo que tiene de hermoso lo tenía de arrogante, al maltratar a una viejita, ésta resultó ser una hechicera que lo convirtió en una bestia horrible por castigo a su soberbia. El hechizo terminaría cuando aprendiera a amar y fuera realmente amado. Entonces apareció una hermosa mujer llamada Bella, quien después de varios acontecimientos la Bestia comenzó a ser bueno y Bella llega a enamorarse de él, rompiéndose el hechizo, y recuperando el príncipe su forma humana. Y La puerta del Cielo así, se casaron y fueron felices.
En nuestro bautismo sucedió algo semejante como el cuento, guardando las debidas proporciones: El hombre quedó desfigurado con el pecado. Y sólo cuando fuimos amados por Dios, tanto que murió por nosotros, recuperamos nuestra figura original que habíamos perdido de ser imagen y semejanza de Dios. El bautismo nos hace semejantes a Cristo, nos hace hijos de Dios.
3) PARA VIVIR
Al hacernos hijos de Dios el bautismo, nos corresponde actuar como tales. El modelo lo encontramos en el Hijo, en Jesucristo, quien vino a servir y no para dominar, vino para salvar y no para condenar. Además, al unirnos con Cristo, se da una relación estrecha de fraternidad entre todos los bautizados y que es lo que conforma la Iglesia. Por ello hay una diferencia radical entre un bautizado y uno que no lo está. De aquí el deseo del Señor de salvar a todo el mundo y su mandato: “Id y enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).
¿Quién de nosotros, en efecto, dejaría a los recién nacidos sin ropa o sin alimento, esperando que de mayores elijan cómo vestirse y qué comer? Pues la fe es más que necesaria que el alimento y el vestido, aseveró el Pontífice, pues el bautismo es la puerta del cielo. Y serán los padres, y si faltan serán los padrinos, a quienes se les encarga ser educadores en la fe de sus hijos. Es un compromiso de dar testimonio con alegría y coherencia.
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José Martínez Colín es sacerdote, ingeniero (UNAM) y doctor en Filosofía (Universidad de Navarra). (articulosdog@gmail.com)
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