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Erica Alfaro: Una historia de superación

Hace dos años una foto junto a sus padres en los campos del Sur de California, luego de terminar su maestría, se hizo viral y ella se convirtió en un ejemplo de lo que se puede lograr pese a las adversidades

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Por Ana Cecilia Ramírez

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La foto que se viralizó(Cortesía)

La foto que se viralizó | Cortesía

Agricultores(Cortesía)

Agricultores | Cortesía

Erica Alfaro en su casa propia

Erica Alfaro en su casa propia

El libro Cosechando sueños de Erica Alfaro(Cortesía)

El libro Cosechando sueños de Erica Alfaro | Cortesía

Su segundo matrimonio(Cortesía)

Su segundo matrimonio | Cortesía

Entrevista con Erica Alfaro

Entrevista con Erica Alfaro

Erica y su hijo de 16 años(Cortesí)

Erica y su hijo de 16 años | Cortesí

Tijuana BC.- “¿Realmente esta es mi vida? Porque yo no me la creo”, se pregunta Érica por las mañanas. Voltea y ve su recámara, aún es para ella como un sueño tener su propio cuarto, pues toda su infancia y juventud no pudo.

Recorre su casa, sí, su propia casa que habita con su esposo, su hijo y un par de perros juguetones.

Hija de padres jornaleros, desde niña vivía en pequeñas habitaciones, pues por lo caro de las rentas, en un departamento había varias familias y ella con sus padres y hermanos tenían que dormir en un solo cuarto.

Cuando era una niña y vivió en Tijuana su vivienda era pequeña, de madera, el baño era una letrina que estaba alejada de la casa y a la que incluso le daba mucho miedo ir.

¿Quién es Erica?

Érica Alfaro, hoy de 32 años, muchas veces en su vida escuchó que no llegaría lejos, que ser madre joven, aguantar los maltratos de su pareja y no estudiar era parte de la vida que le tocó vivir.

Sus padres no saben leer ni escribir y ella pasó por muchas adversidades, pero hoy puede presumir no solo un título universitario, sino una maestría.

Hace dos años, la foto de su graduación en un campo agrícola, con su título y sus padres jornaleros al lado, dio la vuelta al mundo.

Su historia es un gran ejemplo de superación que inspira a muchas mujeres.

Sus papás

Sus papás, Claudio Alfaro y Teresa Herrera, originarios de Oaxaca, cuya lengua primaria es el mixteco, eran campesinos, se conocieron trabajando en los campos de California.

Su padre, a los 9 años vendía chicles, no usaba zapatos y mendigaba en las calles de Tijuana.

“Algo que él hacía con mucha frecuencia, es que se paraba afuera de las clases y miraba cómo otros niños estudiaban, él se imaginaba que él era uno de ellos, siempre quiso saber qué se sentiría ser estudiante, pero no tuvo esa oportunidad”, comentó Érica.

Cuando su madre tenía más de 8 meses de embarazo de ella, cruzó a Estados Unidos y así fue como nació en Fresno, California y pasó sus primeros años en Estados Unidos.

Una de mis primeras memorias que tengo, cuando yo tenía como tres años, yo me desperté detrás de la troca de mi papá, miré uno de los amaneceres más bonitos, recuerdo a mis papás trabajando en el campo... Mi mamá me cuenta que cuando yo nací ella me cargaba en un rebozo mientras trabajaba”

Expresó.

Cuando ella tenía tres años, sus papás estaban arreglando papeles, él obtuvo la residencia por medio de un programa para campesinos.

Sin embargo, cuando su mamá fue a la cita, en su cara, el oficial de migración le rompió los papeles y le dijo que su caso no fue aceptado.

Teresa fue deportada por Tijuana con todo y sus tres hijos nacidos en el Sur de California.

Fue así como Érica y sus dos hermanos, fueron criados en Tijuana en la colonia Obrera Tercera Sección.

“Mis padres compraron una pequeña casa de madera que tenía agujeros por todos lados, cuando llovía se hacía una laguna, el piso era de tierra, nuestro baño era un pozo a donde me daba miedo ir. Yo me siento agradecida de haber crecido de esa manera, porque eso hace que aprecie cualquier cosa que yo tenga”, manifestó.

La adolescencia

En su adolescencia, la familia completa se mudó de vuelta a Estados Unidos, a Oceanside, ella casi no sabía inglés, así que fue muy difícil adaptarse a la educación de esa manera.

Sus padres trabajaban muchas horas en el campo en una temporada, ella también tuvo que ir a pizcar.

“Cuando yo era adolescente, yo trabajé en el campo, significa mucho para mí, cuando yo estaba en un momento muy difícil recordé, cuando mi mamá me dijo si tú quieres otra vida tienes que estudiar”, comentó.

Estuvo en el campo dos temporadas, cosechando tomate durante el verano, indicó, ella decía que tenía 18 años, aunque en realidad tenía 14.

Mencionó que son jornadas muy difíciles, que es un trabajo pesado en el que hay que estar en una posición agachada.

“Cuando era adolescente me quejaba y mi mamá me decía 'ésta es nuestra vida, si no quieres esta vida tienes que estudiar'", siempre me decía eso.

“Es un dolor de espalda, tienes que tener mucha resistencia mental y estar pensando en otras cosas, y no enfocarte en lo que estás sufriendo'', expresó.

Adolescencia truncada 

A los 15 años, Érica quedó embarazada, dejó la preparatoria y se mudó a Fresno, California, con el papá de su hijo, apenas un año mayor que ella, contó, y ahí fue donde empezó una vida de violencia doméstica.

“Eso era algo que yo miraba en la comunidad, yo crecí viendo madres adolescentes por todos lados, por lo que yo pensé que era mi destino, que era lo normal”, platicó.

Creció viendo novelas en las que el hombre va y rescata a la protagonista, recuerda, y como sus padres trabajaban todo el día, buscó el amor fuera de casa.

Érica recordó que cuando salió embarazada no entendía muchas cosas, pero de lo único que siempre estuvo segura es de que quería a su hijo.

Violencia familiar

El papá de su hijo la manipulaba, gritaba, le pegaba, siempre se aseguraba de que se sintiera con la autoestima por los suelos, mencionó.

Eso sí, muchas veces al día siguiente llegaba con flores diciendo que ya no volvería a pasar, comentó, pero los golpes continuaron, incluso cuando ella tenía 8 meses de embarazo, la golpeó tan fuerte, que su hijo tuvo que nacer de emergencia.

Recuerda que en una ocasión, el papá de su hijo, la sacó a dormir a la calle, cuando su bebé tenía apenas 9 meses.

“Recuerdo que estaba llorando afuera, me lamentaba de mi vida y me preguntaba si esa era la vida que me tocó y en ese entonces, cuando yo estaba llorando es cuando recordé un día que mi madre me había llevado a trabajar al campo, yo tenía 13 años y ella me dijo si no quieres esta vida tienes que estudiar“ Y en ese momento me di cuenta de que si yo quería cambiar mi vida , yo era la única persona que podía cambiarla y tenía que regresar a estudiar para poder cambiar el rumbo de mi vida”, comentó.

Incluso en una ocasión, su pareja la quiso golpear y su hermano se dio cuenta y la defendió, dijo, fue cuando se dio cuenta de que no estaba sola.

“Fue muy difícil salir de eso, en mi cultura era mal visto que una mujer dejara a su pareja, cuando traté de pedirle ayuda a mis tías me decían te tienes que quedar con él porque es el papá de tu hijo, nunca vas a lograr nada como madre soltera, vas a ser la burla de mucha gente”, expresó.

Aún así se armó de valor y lo dejó, aunque eso significó que toda su familia le diera la espalda, indicó, a excepción de sus padres y hermanos.

Consecuencias para su hijo 

Y así madre soltera, se dedicó a trabajar y a estudiar para sacar adelante a su hijo Luis.

Sin embargo, cuando el niño tenía cinco años, no hablaba aún y cuando quería correr se caía, comentó, le diagnosticaron parálisis cerebral.

“Cuando me dieron ese diagnóstico me preguntaron si alguna vez recibí un golpe en el estómago cuando estaba embarazada y fue en ese momento cuando sentí como si me hubieran tirado un balde de agua fría y todas esas memorias de violencia doméstica vinieron a mi mente.

“Me aislé de todo, me encerraba y lloraba, decía Dios, si realmente existes cúrame a mi hijo y úsame a mí como herramienta para lo que tú quieras”, expresó.

Dos años después de ese diagnóstico, una mañana, su pequeño le preguntó si ya tenía una carrera, platicó, pues ella le decía que iba a estudiar, que tendrían una casa y hasta un perrito.

“Cuando mi hijo me dijo eso, me dieron ánimos de regresar a la escuela y fui y pregunté qué tengo que hacer para poder seguir estudiando. Los requisitos no fueron fáciles, pero en 2017 a la muchacha que académicamente habían descalificado, ahora la habían elegido como la oradora principal para dar el discurso de graduación, es así como mi vida cambió”, manifestó.

La foto

Así que al salir de la carrera de Psicología de la universidad, fue la encargada de dar el discurso de su generación.

Érica comentó que una mujer que la escuchó, le dijo que si su mayor sueño era obtener una maestría, que ella se la iba a pagar, para que la hiciera y saliera adelante.

Y así fue, dos años después terminó la maestría en Educación y Consejería, por lo cual sentía que debía compartir con sus padres ese gran logro, fue así cuando llegó la idea de la foto.

Expresó que un día sorprendió a su madre, vestida con la toga de graduación y le dijo “mamita, lo logré, vamos a tener una maestría”.

Y su madre, quien siempre fue una mujer fuerte, ahí se quebró y comenzó a llorar de la emoción.

Así que pensó en hacer algo hermoso con sus padres y fue cuando pasó por los campos donde ellos trabajaron tantos años.

“Pensé, me quiero tomar una foto en el campo donde mis padres trabajaron para darme una educación, contraté un fotógrafo y tomamos las fotos.

“Yo no tenía ni siquiera idea de que la foto se iba a viralizar e iba estar en las noticias de todo el mundo”, manifestó.

El fotógrafo, Aldair Nathaniel Sánchez, apenas iba empezando, indicó, y le gustó la idea.

Érica recuerda que subió a medianoche y cuando se despertó por la mañana vio que tenía muchos likes, además la había puesto en un grupo de Facebook de latinas y tenía muchas opiniones.

El día de su graduación, al llegar vio que dos reporteros la estaban esperando y la cuestionaron sobre qué sentía de saber que su historia estaba en todas las noticias, ella iba tarde y les dijo que al final conversaría con ellos.

“Cuando me senté para la celebración de la graduación, agarro mi teléfono y busco en Google 'Érica Alfaro' y es ahí donde mi corazón empezó a latir bien fuerte, dije si es cierto, es lo que está pasando. Ya pasaron dos años y todavía no me la creo.

“Incluso, se volvió una tendencia con otros estudiantes que se están graduando y son hijos de campesinos, eso me emociona mucho”, manifestó.

Érica se casó hace unos años, su hijo ya tiene 16 años y es un joven en apariencia normal, aunque en su diagnóstico está la parálisis cerebral, aún así pudo desarrollarse como un muchacho de su edad.

“La discapacidad más grande que una persona puede tener es su mente, la manera que piensa, puedes usar tus adversidades como excusas para detenerte, pero también como razones para continuar'', expresó Érica.

Ahora, es titular del departamento de Recursos Humanos de una empresa, en la cual está encargada de más de 800 trabajadores agrícolas.

Sus padres viven a unas cuadras de su casa en Oceanside, él se dedica a la construcción y ella al hogar.

Sus hermanos también lograron estudiar y salir adelante, para orgullo de sus papás

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