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Tijuana

Esther Morales, pasó de ser deportada a activista migrante

En junio la acuchillaron y casi pierde la vida, pero nada la detiene para continuar ayudando a los migrantes.

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Por Ashley García

En su negocio ‘La Antigüita’ ofrece ‘La Hora del Migrante’ desde hace siete años.(Roberto Delgado)

En su negocio ‘La Antigüita’ ofrece ‘La Hora del Migrante’ desde hace siete años. | Roberto Delgado

Tijuana, BC.-Esther Morales es originaria de Oaxaca y se fue a Estados Unidos en busca del sueño americano, sin embargo fue deportada dejando a su hija adolescente a cargo de su hermana, cuenta que no conocía Tijuana, le costó adaptarse y gracias a un albergue donde le brindaron la oportunidad de ayudar en la cocina, poco a poco y con mucho esfuerzo entre depresión, pero con muchas ganas de salir adelante trabajó y logró poner su propio negocio de comida llamado “La antigüita” donde ahora ayuda a migrantes como ella. 

“Fue bien difícil porque yo no conocía Tijuana, entonces lo que yo vi en un programa cuando vivía en Estados Unidos, miré el de Don Francisco presenta y ahí presentaron la Casa del Migrante y la casa Madre Asunta, yo miré ese programa pero jamás me imaginé que iba a ocupar de eso algun día, pero cuando me deportan me acuerdo de ese programa y de las casas, entonces llegando a Tijuana me acordé de ese albergue de la Madre Asunta y llegué”, contó Esther Morales. 

“Hay muchas mujeres, todas hablando de coyotes, de cruzar pa'l otro lado, una cosa deprimente, yo me deprimí más de lo que ya estaba al escuchar todas esas pláticas. Es bien duro, bien duro, sobrevive el valiente, el fuerte porque muchos se van al vicio, mujeres amigas mías a la zona, yo te digo porque he estado en este ambiente, he visto cosas y entonces sobrevive el valiente, el fuerte, al que le duele su cuerpo, el pellejo, su carne, el que se mira al espejo y dice 'Yo no quiero terminar asi'”, agregó en un tono triste. 

Soraya Vázquez, de la asociación “Al otro lado” contactó a Esther después de ver su noble labor para patrocinar comidas para que continúe ayudando. 

“Cuando comenzó la pandemia esto se cerró, no había personas, todo estaba triste, bien feo, no sabía qué hacer y entonces yo tenía bastante tamal y entonces yo y mi amigo el que me ayuda le dije, 'Vamos a las calles a regalarlo, ya sabemos dónde hay hambre' y comenzamos a ir a las calles a regalar los primeros días de la pandemia y entonces un señor llamado Manuel Ocaño me toma una foto y la publica en un periodico y después de ahi la mira una licenciada de una organización que se llama “Al Otro Lado” y esa licenciada me llamó, ella se llama Soraya Vázquez, ella me llamó y me dijo 'qué bonita labor' y me preguntó que cuántas veces a la semana iba y le dije 'pues una o dos' y me dijo que me iban a apoyar para que fuera más veces y ahorita sí de mi cuenta hacía antes dos albergues ahora con su apoyo hemos logrado hasta quince”, agregó.

Las pruebas por las que ha tenido que pasar no han sido fáciles, el pasado 27 de junio Esther casi pierde la vida a manos de unos asaltantes que la hirieron en el cuello con un arma punzo cortante. 

“Sucedió el 27 de junio que yo estaba abriendo, estaba sola y unos hombres llegaron y me pidieron dinero y no les quise dar porque pues yo soy así, aguerrida y peleonera, y yo creo que por eso se molestaron, discutimos, forcejeamos, no había nadie todavía, no había llegado Jesús mi ayudante, era temprano estaba yo solita, venían armados y yo no me di cuenta y me acuchillaron el cuello, estuve muy grave, casi me muero, estuve dos semanas con tanque de oxígeno, por eso estoy bien agradecida con la gente que me ayudó, estoy bien agradecida con la vida y por eso voy a seguir con mi labor ahora más fuerte que nunca”, dijo. 

Las calles de Tijuana tienen muchas historias que contar, basta con detenerse y observar. Esther es un ejemplo para muchos y una más de tantos migrantes que llegan a la ciudad fronteriza con sueños, esperanzas y que como ella tienen mucho que aportar.  

Fotos: Roberto Delgado

“Que se humanicen caray, que si tienen en su clóset una chamarra que ya no se ponga, calcetines que ya no usen, pónganlos en una bolsita y dáselos, si no se quieren bajar por la pandemia o algo aviéntenlo, eso es humanizarse, eso es hacer algo por nuestros hermanos que están en desgracias y a mí que me vengan a consumir, estamos aquí, esta calle es la calle Cuarta entre Negrete y Ocampo, frente del hotel América 'La antigüita', Tamaleria La Antigüita y van a comer bien sabroso porque yo pertenezco al grupo de cocineras oaxaqueñas de Abigail Mendoza”, finalizó Esther.

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