No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Tecleado

Ya le cayó el veinte…

En este espacio he comentado en varias ocasiones sobre la política que ha seguido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia de seguridad, al cabo de casi tres años de gobierno sigue siendo una deuda pendiente la paz.

Por Cosme Collignon

En este espacio he comentado en varias ocasiones sobre la política que ha seguido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en materia de seguridad, al cabo de casi tres años de gobierno sigue siendo una deuda pendiente la paz.

Este jueves me sorprendió López Obrador en su monólogo matutino desde Palacio Nacional al reconocer que no ha avanzado en la pacificación del país: “Si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno”. Es una verdad inobjetable, como lo es que el ex secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, fue un fracaso. Fracaso que se premió con la gubernatura de Sonora.

Realmente estaba lúcido el Presidente, porque hace un apunte cierto: “Además, es un desafío político, porque nuestros adversarios se frotan las manos, además porque estamos llevando a cabo una estrategia distinta, porque ellos, porque son conservadores autoritarios de la mano dura, de las medidas coercitivas, de cárceles, leyes más severas”.

Mientras los criminales se burlan de la Guardia Nacional, del Ejército y la Marina, los agreden, los insultan, los matan y ellos no pueden defenderse porque ello implicaría matar a delincuentes y eso está prohibido en este gobierno, no importa cuántas vidas de policías, militares y marinos se pierdan, pero jamás un asesino muerto.

Por supuesto que el originario de Macuspana insiste en su teoría de “abrazos, no balazos”, a pesar de las miles de muertes a lo largo y ancho del país. “Se ríen ¿no’ se burlan, de que he dicho que abrazos, no balazos. Y vamos a demostrar que funciona”. ¿Cuándo llegará esa demostración? Solo hay que voltear a Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Guanajuato, Colima, Jalisco, Tamaulipas, Sinaloa, Sonora o Baja California.

Por supuesto que los homicidios corresponde resolverlos a las fiscalías estatales, una gran parte cometidos por el Crimen Organizado en la lucha de bandas por un territorio. Mexicali, según la gobernadora electa y embarazada, Marina del Pilar Ávila Olmeda era el municipio más seguro de Baja California, no lo fue, ni lo es ahora. Tijuana, por supuesto que sigue registrado decenas de ejecuciones, sin que la Fiscalía logre resolver los miles de homicidios, no tiene la capacidad.

Por cierto, este viernes en su mañanera, López Obrador habló del fiscal de Guanajuato y su poca efectividad: “No es posible que no haya ninguna mejora, sobre todo, en el caso de homicidios y lleve 12 años el procurador de Guanajuato. No es posible, si fuese gerente de una empresa, con esos resultados ya lo hubiesen corrido, hablando en plata, más si se trata de un asunto delicado como la seguridad pública donde está de por medio la vida de la gente”.

Creo que le envió un mensaje a Jaime Bonilla Valdez, todavía, gobernador de Baja California, como decía mi madre “te lo digo hija para que entiendas nuera”. Se lo dijo al gobierno de Guanajuato, pero esperando que lo escuche y aplique Bonilla, por la poca efectividad de la Fiscalía General del Estado en cuanto a homicidios dolosos, pero el cambio vendrá en unos meses, mientras seguirán incrementándose las cifras de homicidios. Hay que pacificar a Baja California.

* El autor es Periodista independiente.

Comentarios