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Columnas Bacatete

Volatilidad en el mercado cambiario

En las últimas semanas observamos una relativa recuperación del peso, lo que despertó el optimismo de muchos, sobre todo los defensores de la política pública.

Por José Luis Contreras

En las últimas semanas observamos una relativa recuperación del peso, lo que despertó el optimismo de muchos, sobre todo los defensores de la política pública. Prevalecía un optimismo, que en esta misma columna, reiteradamente mencionamos no se justificaba, ya que esa “fortaleza del peso” respondía más a factores externos que a factores internos.

En los últimos días, hemos visto un comportamiento diferente, vemos variaciones en el tipo de cambio y a un peso más vulnerable y  no tan sólido. Tampoco pretendo sembrar temor, pero creo que tenemos la obligación profesional de analizar estos fenómenos en su real dimensión. Tenemos que tener claro, los movimientos en el mercado cambiario han sido reflejo más del comportamiento de los mercados financieros internacionales y de las expectativas de crecimiento que se avizoran en la economía mundial. Las políticas monetarias adoptadas por la FED, como es el mantener bajas las tasas de referencia, han ayudado al ver al peso como una opción para la inversión fiduciaria, ya que los diferenciales de tasas hacen más atractivo ese mercado que el anidarse en dólares.

El Banco de México, por otro lado, ha mantenido una adecuada política monetaria, con sus tasas de referencia y adecuado manejo de la inflación. El Gobierno ha tenido una disciplina de gasto que lo ha mantenido bajo, conteniendo que no haya déficit y eso como factores de política monetaria han contribuido a que el tipo de cambio se mantenga más estable.

Pero no todo en la política económica es Política Monetaria, también se requiere una política de promoción a la inversión y en ese aspecto, vemos que en último trimestre del año y a inicio de este ha llegado inversión extranjera directa a nuestro país lo que también ha contribuido, no obstante el pobre desempeño económico a tener una balanza comercial favorable.  Pero falta la inversión nacional, esa inversión que se queda y que es de largo plazo, menos sensible a las variaciones del mercado internacional y que apuntalan el desarrollo tecnológico de un  país. Esa inversión nacional es la que está a la baja, por ello hemos podido tener Superávit, comercial, ya que no hay importación de bienes de capital ni de insumos.

Justo es reconocer que la reciente ratificación del Acuerdo Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), genera mayor confianza en la economía mexicana y de ahí se empezó a observar mayor afluencia o mejores expectativas de inversión por parte de las empresas extranjeras.  Es decir, ha llegado un mayor flujo de inversión extranjera, sobre todo a aquellas zonas económicas del país que se han venido desarrollando con vocación de industria de exportación, tal es el caso de la zona fronteriza del norte y la región del Bajío Mexicano.

Asimismo, el anuncio de que se ejercerá el gasto público no ejercido durante el año anterior y se estará invirtiendo en infraestructura ayuda a crear un ambiente de confianza, pero se debe convocar a la inversión privada generando condiciones de confianza y seguridad, temas que siguen aún desatendidos.

No se puede convocar a la colaboración y a la realizar de inversiones sin antes generar esos acuerdos y crear las condiciones y términos para crear el clima de confianza y no estar sujetos a variaciones y decisiones de carácter político electoral.

Cabe destacar que uno de los hechos que nos han dado mayores oportunidades ha sido los desacuerdos entre los gobiernos de China y Estados Unidos con la amenaza norteamericana de imponer aranceles a las mercancías de aquel país. Ello representa una oportunidad para México ya que algunas inversiones veían como un canal de acceso al mercado norteamericano nuestro país, situación que se refrendó con el acuerdo del TMEC.

Es innegable que la reciente epidemia de coronavirus, que padece China, está generando resultados mixtos llamaría, porque si bien está limitando los suministros o abastecimiento de insumos o partes que se utilizan en la fabricación de automóviles y otras ramas industriales de la electrónica, donde China ha sido un gran proveedor a nivel mundial, también es cierto que se crea la necesidad de empezar a generar en los países ensambladores esos insumos o partes que la industria requiere. Esta situación representa una ventana de oportunidad para la proveeduría regional.

Esta coyuntura es de corto alcance y esperemos por el bien de la humanidad que China resuelva y supere ese problema lo más pronto posible y ese mal no se convierta en una pandemia mundial.

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