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Columnas Sueños de plata

Viuda Negra. Dir. Cate Shortland

Trece años después de El Hombre de Hierro, y más de una veintena de películas, con prácticamente la misma trama, llega al universo Marvel una cinta, que a pesar de sus inevitables referencias al cine de espías, resulta algo verdaderamente refrescante dentro del interminable y repetitivo culebrón marvelita. 

Por Manuel Ríos Sarabia

Trece años después de El Hombre de Hierro, y más de una veintena de películas, con prácticamente la misma trama, llega al universo Marvel una cinta, que a pesar de sus inevitables referencias al cine de espías, resulta algo verdaderamente refrescante dentro del interminable y repetitivo culebrón marvelita. 

La directora australiana Cate Shortland es ideal para presentar una visión externa e idealizada de la vida americana, lo cual hace durante la introducción pre créditos, muy al estilo de James Bond. Durante este prologo en 1995 se establecen los personajes de Natasha y su hermana Yelena (de niñas), y sus “padres” Alexei (David Harbour) y Melina (Rachel Weisz), quienes se ven obligados a abandonar su perfecta vida americana para vivir la aventura que tanto les habían prometido a sus niñas. 

Aquí se hace un excelente uso de una canción pop (American Pie de Don Mclean), en tiempo diegético, para establecer el sentimiento de la estereotípicamente romantizada idea de Estados Unidos. Esto en sí ya es un logro en el cine palomero actual, en que se abusa de la música bajo licencia (véase Cruella y cualquier producción de Netflix). 

En esa primera secuencia Shortland supera la mayoría de entradas en la larga saga Marvel, y durante los créditos que le siguen el mensaje es mucho más obscuro que cualquier otra. Las implicaciones de las imágenes de niñas aterradas dentro de contenedores y tras las rejas son obvias referencias de los centros de detención fronterizos estadounidenses, siendo la más dura crítica política y el mensaje más contundente en todo el universo Marvel hasta el momento. 

Y eso es sólo el preámbulo. El tema central de la película es el uso y abuso de mujeres, que son manipuladas y controladas, como objetos, para fines geopolíticos. Eso es dentro de la trama, pero el mensaje real tiene mucho mayores alcances, los cuales van desde el caso de Britney Spears y su conservaduría a cargo de su padre, hasta el tráfico y prostitución de menores. 

Temas que son un gran salto en el rango manejado por los superhéroes de Disney. Además de esto, Shortland vierte una mirada hacia adentro, con el comentario metatextual de la explotación del personaje mismo de Viuda Negra (Scarlett Johansson) y la forma en que ha sido presentada desde su introducción como una muñeca en exhibición, posando de manera por demás ridícula y sexualizada para todos los que la admiran. 

Así como la observación de la reprochable realidad que Natasha, es en realidad una asesina, admirada por niñas pequeñas que ven en ella un ejemplo a seguir. Estos comentarios son salidos textualmente de la boca de su hermana Yelena, una inmejorable Florence Pugh, a nada de robarse la película. 

Y en este aspecto es indispensable enfatizar que gracias a esta nueva consciencia adquirida, tanto dramática como metatextualmente, Johansson, a quien en lo personal nunca vi como una buena elección (sobretodo conociendo que la primera opción era Emily Blunt), por fin encarna su papel de una manera convincente y absoluta. 

Y quizás es está nueva liberación del personaje que le ha permitido, aunada a la dirección de Shortland (y al hecho de que Johansson es coproductora), una mejoría substancial en su interpretación, haciéndola menos superficial y mucho más auténtica. Esto también hace eco con lo que sucede dentro de la película, en que hombres, y una figura paterna en específico, controlan a ejércitos de mujeres. 

Las cuales se liberan poco a poco y consecuentemente van liberando a otras que aún se encuentran bajo el mismo yugo manipulador de otros. 

Aquí se hace otra mención muy específica, que refleja lo sucedido en los centros de detención fronterizos, donde existen denuncias sobre histerectomías no autorizadas a mujeres inmigrantes. Una vez más, temas bastante fuertes para personajes cuyas muñequitas se encuentran en todos los supermercados. 

Pero Shortland también tenía una genuina intención de hacer una cinta divertida y con corazón, cosa que logra, con sus secuencias de acción que superan a las dos últimas décadas de Bond, a quien hace un guiño muy específico y anunciado (Moonraker, 1979), y con la dinámica familiar disfuncional que da pie a algunos de los mejores momentos, tanto cómicos como emotivos. 

En cuanto al inevitable abuso del CGI, esta es también una de las mejor logradas de Marvel, gracias al trabajo de Weta, el cual hubiera mejorado substancialmente al menos una docena de las anteriores. 

En conclusión, Shortland logra hacer malabares con todas sus piezas, creando en el proceso una de las mejores películas, en todos los aspectos, del universo Marvel, donde la presencia de Rachel Weisz y Florence Pugh sirve para atraer a espectadores reacios (como un servidor), y terminan por ser la cereza de un pastel bien elaborado. 

*El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio

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