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Columnas Sueños de plata

Violet y Finch. Dir. Brett Haley

El distanciamiento social y la paranoia

Por Manuel Ríos Sarabia

El distanciamiento social y la paranoia

Estamos entrando en un momento crítico a nivel global. Una pandemia que amenaza la forma de vida como la conocemos. Iniciando la última semana de enero y contando, las cifras de los afectados a nivel mundial (en más de 100 países) por el coronavirus han llegado a 168,945 casos, con 6,492 muertes y 76,598 recuperaciones (hasta el momento de escribir este texto).

Ante esta situación lo único responsable es seguir las recomendaciones tan difundidas en medios y redes, entre ellas se incluye el distanciamiento social. Así, con la inevitable cancelación de eventos comunitarios multitudinarios (cine entre ellos), y el actuar de la forma más congruente que dicta mi consciencia, no podría aventurarme a escribir y recomendar una cinta que se encuentre actualmente en cartelera. Pero durante la cuarentena siempre podremos recurrir a Netflix.

Violet y Finch de Brett Haley es una película sencilla y sin pretensiones artísticas. Parece más algo hecho para televisión, casi rayando en el modelo de Hallmark channel.

Violet Markey (Elle Fanning) es una adolescente que sobrevivió al accidente automovilístico en que falleció su hermana, como consecuencia se encuentra lidiando con un insoportable sentimiento de culpabilidad y trastorno depresivo, que culminan en un intento de suicido. Este suceso la lleva a encontrarse fortuitamente con Theodore Finch (Justice Smith), un compañeáro de escuela que la persuade a reconsiderar sus intenciones.

A partir de este momento lo que sucederá es perfectamente predecible, una historia de amor adolescente, como tantas, que seguirá todas las fórmulas al pie de la letra. El único giro, si se le puede llamar, es el hecho de que Finch sufré también su propio problema psicológico. Al haber sido víctima de violencia por parte de su padre, durante la infancia, Finch ahora reacciona, frente a situaciones de estrés, de manera incontrolablemente violenta, perdiendo noción de sus actos.

Ambos personajes han sido afectados por un evento traumático en sus vidas pero sus reacciones y afectaciones psicológicas son distintas, con un solo punto de encuentro, la depresión suicida. Juntos logran, por un breve espacio de tiempo, mejorar mutuamente sus perspectivas ante la vida.

Esta intrascendente película que pasa desapercibida en la lista de recomendaciones de Netflix nos puede reflejar de manera muy sutil la situación que estamos a punto de enfrentar y la reacción que decidamos tomar ante ella.

El coronavirus representa un problema de salud bastante serio, pero que comparado con otras crisis similares (SARS o MERS) tiene una tasa de mortalidad mucho más baja. La gravedad, aparentemente está en la rapidez de su propagación. Pero más allá de los efectos reales (de los cuales hay muchísima información disponible) en la salud, se encuentra el efecto que está ocasionando en la consciencia colectiva. Basta darse una vuelta por cualquier supermercado, y encontrar todos los estantes vacíos (inexplicablemente hasta de papel de baño), para entender que la reacción no es racional.

Nuestro gobierno, por otro lado no está haciendo nada al respecto, aumentando la histeria, y si en un país de primer mundo como Italia, la situación se ha tornado tan grave, que nos espera en nuestro territorio tercermundista. Es momento de tomar el control nosotros mismos, si nuestros gobernantes no pueden, no saben (o como en el caso de Inglaterra), simplemente no están dispuestos a hacer nada al respecto, es nuestra responsabilidad civil actuar correctamente. Las estadísticas de brote en nuestro país (20 a 30 de marzo de acuerdo a la UNAM) dictan que aún estamos a tiempo.

Es buen momento de poner en práctica el distanciamiento social. Todos los que podamos permitírnoslo, trabajar en línea desde casa, proteger a nuestros adultos mayores, ya sea manteniendo distancia o cuidando de sus necesidades exteriores. Si estas medidas nos dan como consecuencia el tiempo de ver de una manera distinta nuestra forma de vida y la importancia de nuestras relaciones, que mejor.

Si por un lado la crisis muestra las peores caras también es capaz de mostrar nuestros mejores momentos. La respuesta del sector salud, de los trabajadores de supermercados y farmacias, que nos mantendrán a flote con sus esfuerzos, son un ejemplo.

Y para recordar que somos más que animales reaccionando ante el peligro, escuchemos los cánticos nocturnos de italianos en cuarentena.

Somos humanos y estaremos bien.

*El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio

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