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Vida de estudiante

“Que más quisiera que pasar la vida entera, 
como estudiante el día de la primavera”.

Andrés Calamaro

Por Roberto Quijano Luna

“Que más quisiera que pasar la vida entera, 
como estudiante el día de la primavera”.

Andrés Calamaro

Una de las características más poderosas que poseemos como especie humana es nuestro deseo de aprender y adquirir conocimiento. El resto del mundo animal podrá poseer ciertas aptitudes similares a las humanas como trabajar en equipo o manipular el medio ambiente pero ninguno está habilitado o diseñado para pasar una vida entera dedicada al estudio de algo tan específico como puede ser la física cuántica, la poesía merovingia o los reptiles de los Galápagos.

Uno nunca deja de ser estudiante. En la vida se aprende desde el instante en que nacemos hasta nuestro último aliento. Sin embargo, pocos son los que tienen el privilegio o la inquietud de continuar sus estudios fuera de aquellos grados educativos normados por la sociedad. Según cifras de la OCDE, solo el 17% de mexicanos entre 25 y 64 años han cursado estudios de educación superior. Al tratarse de mexicanos con maestría o doctorado, la penosa cifra se ubica en 1% y menos de 1% respectivamente. Es decir, padecemos una población con escasa preparación académica.

Lo anterior es atribuible a una ausencia de políticas educativas de calidad. Nuestra clase política abandonó a las juventudes para rendirlas ante la ignorancia y los empleos precarizados. El resultado es que mientras otros países cuyos niveles de desarrollo eran similares a México hace 50 años (Corea del Sur o Singapur), al apostarle a la educación de su gente, hoy tienen grandes niveles de prosperidad. Aquí los jóvenes son reclutados por el crimen organizado como carne de cañón.

Personalmente, dada mi crianza privilegiada y el apoyo incondicional de mis padres (claro, también algo de curiosidad intelectual y trabajo duro), he podido llegar al nivel de maestría en un programa de élite. Estoy consciente que si la vida me ha brindado estas oportunidades, tengo la obligación moral de retribuir.

He encontrado en la vida estudiantil, un refugio ante las injusticias de la cotidianeidad. Aquí puedo expresarme con toda libertad, debatir, investigar, leer y contrastar ideas con profesores y colegas.

Regresar como estudiante de tiempo completo siendo adulto es algo fenomenal. Tuve oportunidad de serlo en la licenciatura en la Ciudad de México; la gran diferencia radica en que durante aquella encomienda era un joven que padecía de “juventud exacerbada”. Hoy llego a mis 26 años con metas claras, experiencia y (espero) buenos hábitos.

No obstante, internamente sigo siendo aquel joven de 17 años que al comenzar sus estudios universitarios quería comerse al mundo. Solamente que ahora dicha meta cada vez está más cercana y esto representa enormes retos y responsabilidades.

Por mi parte, me abocaré a ser un buen estudiante sea donde sea para poder aportar algo de valor al mundo, sea a través de la docencia o práctica profesional.

Traición constitucional

Los 21 diputados que votaron para reformar el periodo de gobierno de Jaime Bonilla pasarán a la historia como unos traidores al orden constitucional de Baja California. Se los recordaremos todas sus vidas.

*El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance.

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