No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Águilas y serpientes

Vecinos distantes

Si en una sociedad, la gente está unida, hay paz, desarrollo y tranquilidad.

Por Rafael Liceaga

Si en una sociedad, la gente está unida, hay paz, desarrollo y tranquilidad. Si las personas están desunidas, con indiferencia las unas de las otras, se crea una comunidad en riesgo, por más que los gobiernos quieran solucionar las cosas. Si nuestras comunidades están tranquilas, es porque los ciudadanos están al pendiente de lo que pasa a su alrededor y hay una participación ciudadana efectiva. Por el contrario, si una sociedad está insegura, tiene malos gobiernos y muchos criminales, es porque es un grupo social desunido, individualista y con una mínima responsabilidad social.

La diversidad de personas que viven en un entorno, y su adecuada organización y participación, es importante. Si alguien se queja de que se autorizan muchos edificios, habría que ver que parte de esa sociedad es la que quiere construirlos, y que otra parte es la que los autoriza. Por esta razón, los ciudadanos requieren atender los distintos escenarios que sirven de cobijo y convivencia, tanto para los buenos, como para los malos. Los espacios que se construyen deberían de estar al servicio de la colectividad y promover la interacción social. Si, por el contrario, molestan o afectan a terceros, lo que se promueve son las diferencias y la inconformidad.

En nuestra sociedad, existe una falta de cohesión social alarmante. Somos vecinos distantes. Las causas son el crecimiento acelerado de las ciudades (con su tráfico incontrolable), la escasa convivencia y los altos índices de inseguridad. La reconstrucción del tejido social requiere mayor atención ya que sin ella se propicia una escasa participación y un desgaste emocional de las personas diariamente. Una sociedad inconforme es una de las peores formas de vivir.

Si a los malos ciudadanos (dentro de los desarrolladores, proveedores, consumidores, funcionarios, etcétera), le agregamos que pocos ciudadanos hacen algo para contrarrestarlos, tenemos una sociedad blanco de injusticias y ofensas, que genera más indiferencia social, poco arraigo, nulo sentido de identidad, desorganización y falta de respeto entre todos. ¿Ha visto usted las carteleras de antros y de anuncios de “clínicas” donde dicen que le solucionan sus problemas sexuales? Todas muy explícitamente, sin recato alguno. Alguien de nuestra misma sociedad las mandó poner, y alguien de nuestro gobierno las autorizó. No asusta lo que anuncian. Asusta la forma de hacerlo. ¿Qué explicación les darán a sus hijos si preguntan por qué anuncian o autorizan eso? Si no les importan sus hijos, menos nosotros.

Esta falta de respeto de unos, y de participación vecinal de otros, es una de las causas del deterioro urbano y social que padecemos. Si no hay involucramiento, tenemos la sociedad de la que luego nos quejamos. Tenemos lo que nos merecemos porque no hacemos lo que debemos.

Es por todo esto que tenemos que reforzar el tejido social, comenzando por cambiar nosotros para adherirnos a nuestros grupos de vecinos, para establecer comunidades fuertes, proactivas y seguras. Para esto, se requiere el compromiso de todos, para gestionar, cuidar y mejorar el entorno. La participación solidaria es fundamental para consolidar la comunidad sana.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina 
y coordinador de Tijuana en Movimiento.

Comentarios