Columnas Mar de fondo

¿Un gobierno para los pobres?

Uno de los objetivos más importantes del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, según lo expresado por él mismo, es atender el problema de la pobreza en México, que es una asignatura que dejaron de lado todos los gobiernos anteriores.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Uno de los objetivos más importantes del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, según lo expresado por él mismo, es atender el problema de la pobreza en México, que es una asignatura que dejaron de lado todos los gobiernos anteriores. Esta orientación hacia los pobres sería el sello característico de la presidencia de Amlo y quizás uno de los factores que explica la gran cantidad de votos que obtuvo en la elección pasada.

Sin embargo, el problema es que hasta ahora las propuestas y las medidas adoptadas por Amlo para incidir en el tema de la pobreza son muy simplistas y, por lo mismo, no parece que vayan a influir para un cambio sustancial en esta problemática.

López Obrador ha optado por varias políticas de apoyo hacia grupos sociales en condiciones precarias o que necesitan un impulso para insertarse en la vida laboral (como es el caso de los jóvenes que no estudian ni trabajan), con programas como Jóvenes construyendo el futuro, bienestar de las personas adultas mayores, apoyos para las personas con discapacidad, sembrando vida, becas escolares, créditos agrícolas y ganaderos, etcétera, ocupando un porcentaje significativo del gasto social del gobierno.

El apoyo hacia esta población consiste en hacer transferencias de dinero en efectivo, lo que sin duda alivia temporalmente las condiciones de estos grupos, pero no apuntan hacia las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad social.

Las salidas que muestran otras experiencias en otros países parecidos a México en el combate a la pobreza, consisten en una combinación de políticas redistributivas del  ingreso, políticas de subsidios, pero sobre todo de cambios en la vida laboral (mejores empleos y salarios), acceso a bienes y servicios, a la seguridad social, a la vivienda de calidad, la salud y la educación, entre otros.

Para lograr estos cambios se requieren políticas de crecimiento económico y de desarrollo, con nuevas políticas bancarias, inversión en ciencia y tecnología, así como proyectos de inversión sostenida tanto por el gobierno como por el capital privado, todo esto por lo menos durante un periodo de entre 8 a 10 años.

Los gobiernos neoliberales en México lo que hicieron para atender este problema fue “focalizar” la pobreza o a los pobres, dirigiendo programas específicos hacia ellos (Progresa, etc.), pero en realidad lo que estos programas buscaban era impedir que detonaran conflictos sociales y políticos en un contexto de estancamiento de la economía y de concentración de la riqueza. Solidaridad fue un ejemplo de este tipo de programas.

El enfoque de López Obrador es distinto obviamente, pero es poco realista o es simplemente una visión populista cuyo objetivo final consiste en ver a los pobres como una cantera de votos y de apoyo político, que se mantiene a través de un ingreso monetario (que esta población no tenía antes) para resistir los seis años del gobierno sin amenazas de los grupos de poder.

La pobreza como situación social se deriva de un sistema injusto y de un modelo económico que excluye y margina a una gran parte de la población, por lo que para resolverla y abatirla es necesario modificar las bases en que se sustenta el sistema de la economía en general.

Pero los cambios que está promoviendo López Obrador no encajan en esta lógica. En su visión pareciera que los pobres pueden superar su situación de manera aparte o independiente de la economía capitalista nacional y global, promoviendo la “economía popular” cuyas premisas no son las ganancias o la acumulación de la riqueza, sino otros satisfactores más simples (en la visión de Amlo).

Para sostener este esquema, López Obrador está despojando de los recursos a otras instituciones del aparato del Estado, recortando presupuestos, bajando los sueldos de la alta burocracia, eliminando algunos servicios proporcionados por el gobierno y, de acuerdo al discurso dominante, atacando la corrupción en las esferas del gobierno, todo para sostener el gasto social en los grupos más pobres del país.

Todo esto suena y se ve muy bien, eran cosas necesarias que se tenían qué hacer,  ero a mediano plazo pueden ser contraproducentes porque, al tiempo que el gobierno obtiene más recursos para destinarlos a los pobres, le quita a otros grupo sociales (que no están en la pobreza pero pueden caer en ella), ampliando el número de pobres en México. Así en lugar de repartir la riqueza, los programas de Amlo pueden terminar repartiendo la pobreza y la desigualdad.

En este problema no hay atajos de ningún tipo: o se atacan a fondo las causas que generan la pobreza, sin temores y a través de programas ambiciosos o los pobres pasan a ser parte del discurso político y del caudal de votos de los políticos, como ha sucedido históricamente en México. ¿Eso va a pasar con Amlo?

El autor es analista político

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