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Columnas Ecoanálisis

Un gato viejo

Siempre hemos escuchado de “urbanitos” decir que en el delta del Río Colorado, Valles de Mexicali, San Luis, Imperial y Yuma, no hay felinos salvajes, que la colonización agropecuaria del siglo pasado acabó con los dos únicos felinos silvestres que había, el puma y el gato montés o lince.

Por Alberto Tapia y El Imparcial

Siempre hemos escuchado de “urbanitos” decir que en el delta del Río Colorado, Valles de Mexicali, San Luis, Imperial y Yuma, no hay felinos salvajes, que la colonización agropecuaria del siglo pasado acabó con los dos únicos felinos silvestres que había, el puma y el gato montés o lince. Y siempre hemos sostenido que el gato (Linx ruffus) continúa presente y con una población que se extiende hasta las orillas de las ciudades y poblados del valle mexicalense. Sencillamente vemos sus huellas en cada cacería de aves que hacemos en esta vasta planicie que el Río Colorado inundaba antes de cada verano.
Cuando empezó a circular nuestro libro Cultura Cinegética en el delta del Río Colorado, uno de los primeros comentarios que desató fue porque aseguramos que el gato montés seguía presente y lo demostramos con fotografías tomadas por mi hermano Armando. En la primavera, en el Campo La Piocha de mi buen amigo Javier Verdugo empezaron a desaparecer gallinas, gallos, patos y sus crías. Luego Javier encontró los desplumaderos alrededor de su rancho y las inconfundibles huellas del lince cachanilla. Coincidentemente, llegaron a La Piocha un grupo de investigadores en busca de vectores de la Rikettzia y colocaron trampas en varios lugares de la Colonia Pólvora. En una de ellas cayó un gato montés, prueba fehaciente de su presencia en este ecosistema transformado por el hombre.
Y de 200 aves de corral Javier tiene ahora sólo 100. Preocupado consiguió algunas trampas de jaula, las que no hacen daño a la presa capturada y las colocó alrededor de sus corrales y gallineros. Cayeron patos, gatos domésticos, pollos, etc., hasta que al amanecer del domingo pasado, Javier recibió la agradable sorpresa de que en una de las trampas había ¡un gato montés!
Resultó un gato viejo, con catarata en uno de sus ojos y con su oreja izquierda incompleta quizá de la mordida de algún pleito con otro felino. Para entonces, el ranchero ya había visto en su campo en varias ocasiones a cuatro gatos monteses, dos grandes y dos medianos, quizá una familia de la cual el padre por fin cayó en una trampa.
Inmediatamente me habló y planeamos una estrategia de reubicación. Dio parte a la PROFEPA y el lunes 28 de octubre nos reunimos en La Piocha para celebrar, ver, filmar y retratar a esta  prueba adicional de la presencia actual de Linx ruffus en el cachanillal. Javier eligió en el extremo sur de su colonia un monte natural con humedales que son vestigios del delta original, en donde abundan ratas, ratones, juancitos, mapaches, conejos, chanates, codornices, faisanes y otros pájaros que habrán de alimentar al reubicado. Llegó el momento y se abrió la puerta de la trampa y don gato no vaciló es dejar su celda, correr por un viejo barbecho e internarse precisamente en un cachanillal, foto y video en mi FB y el de Armando. Somos cazadores pero sabemos del papel vital que el depredador tiene en el ecosistema.

* El autor es Investigador ambiental.

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