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Columnas Piensa

Tu prisma visual es tu prisión

En cada individuo hay una serie de creencias que van formando un prisma visual, como unos lentes tridimensionales por los cuales uno va interpretando la vida.

Por Octavio Ballesteros

En cada individuo hay una serie de creencias que van formando un prisma visual, como unos lentes tridimensionales por los cuales uno va interpretando la vida. Y lo que para algunos viene siendo un mundo difícil, arduo, con muchos problemas, para otros eso mismo viene siendo hermoso, feliz, maravilloso, abundante.

Se puede afirmar entonces que el mundo no es como es, es como lo ves. Y acorde con Darren Hardy, hay tres creencias negativas que nos pueden limitar mucho en nuestro desempeño, y por lo tanto en nuestra visión del mundo.

Las tres creencias

La primera de ellas es la desesperanza, la desesperación. El pensar que las cosas buenas no son para mi, son para otros, que las oportunidades no me llegarán.

Una segunda creencia viene siendo la impotencia: no tengo la habilidad, soy muy pequeño, soy débil, tengo miedo.

Y la tercera, que viene siendo la que más impacta ya que probablemente sin mala intención nos la dijeron: que no valemos, que no merecemos tal cosa, que no les voy a gustar, no sirvo para algo. Lo que no captamos es que esta creencia viene siendo exclusivamente la opinión de alguien, y que dicha opinión es totalmente basura, no tiene nada que ver con nuestra realidad, pero desafortunadamente la compramos mentalmente.

Qué podemos hacer

Desgraciadamente una de estas creencias se va arraigando en nuestra mente con el paso del tiempo y termina moldeando nuestra identidad.

Lo que tenemos que hacer entonces es primeramente identificar cuál de ellas es la que tenemos enraizada. Ya identificado el siguiente paso es decidir a cambiar, a eliminarla de nuestro sistema operativo, a no volver aceptar aquello como cierto.

Entonces pasamos al siguiente paso, que es estar inmersos en plan de información y conocimiento de cosas positivas, aspectos formativos, rodearnos de personas que nos puedan ayudar a cambiar dicha creencia. Y cuarto y último paso: actuar. La mejor manera de enfrentar un temor, un miedo, es hacer lo que tengo que hacer de todas maneras.

Conclusión

Estimado lector, terminamos con un cuestionamiento que nos puede servir para mejorar. Si hay algo que tengo que hacer, como puede ser mi trabajo profesional, la primera pregunta es: ¿lo hago, realizó lo que debo hacer?, de aquí pasamos a la siguiente: lo que hago, .¿está hecho con Maestría, con perfección humana, con profesionalismo, con mejora continua?

Y tercera y última pregunta: los resultados que tengo ¿lo demuestra: el tamaño de mi cintura, el crecimiento de mi negocio, la calidad de mis relaciones? Si la respuesta es más o menos, quiere decir que tienes que trabajar más al respecto, sin duda.

Estimado lector, ¿cómo ves el mundo? ¡Tu visión puede ser tu prisión!

*- El autor es socio del Despacho Asesores Ballesteros.

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