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Transporte público

Juan Manuel Gastélum deja un legado funesto como presidente municipal de Tijuana.

Por Roberto Quijano Luna

Juan Manuel Gastélum deja un legado funesto como presidente municipal de Tijuana. La violencia rampante, los negocios oscuros y su constante frivolidad son solo una pequeña muestra de su infame gestión. Sin embargo, un tema que no se discute mucho en medios pero que todos resentiremos de manera directa o indirecta es el relativo al transporte público.

Dada su importancia y tamaño, Tijuana tiene por mucho uno de los peores sistema de transporte del país. Es tanta la incompetencia de nuestros gobernantes que ni siquiera un tema tan vital para el público como la movilidad pueden atender. Esta problemática llegó a su punto más bajo con el abandono del Sistema Integral de Transporte de Tijuana (SITT). Un proyecto que de inicio era mediocre pero que al menos procuró atender de manera parcial este tema tan importante. Hoy, se constituye como un elefante blanco para las finanzas del municipio y está por morir por su pésima administración y falta de voluntad política.

Es frustrante saber que esta ciudad con todo su potencial tenga servicios de país subdesarrollado. Basta con intentar llegar de la Zona Este al centro para darse cuenta del martirio por el que pasan miles de personas diariamente. No nos brindan seguridad, no nos brindan vialidades, no nos brindan transporte público de calidad. Entonces, ¿qué diantres hacen gobernando?.

Recuerdo hace unos meses, intenté tomar el SITT de Palacio Municipal a mi anterior trabajo por el Hotel Lucerna, un trayecto de menos de 3 kilómetros. Al llegar a la estación, me informaron que solo estaba habilitado el sentido que iba hacia el centro, cosa que me desviaba de forma ilógica. Luego el oficial me indicó que pasaba algo así como cada 30-45 minutos y que no aceptaban billetes de 20 pesos porque el dispensador de boletos no funcionaba. Al borde de un brote psicótico, decidí tomar un UBER por un costo de 40 pesos y llegué a mi destino en cuestión de minutos frente a los $14 pesos y tiempo que hubiese perdido con el SITT. Afortunadamente, tenía el poder adquisitivo para tener otras opciones, la gran mayoría de los tijuanenses no las tiene y sufre las consecuencias.

Gastélum nunca dio seguimiento al SITT porque lo veía como un proyecto fracasado de la gestión de Astiazarán (no tan incierto). Sin embargo, la factura funeraria la pagará políticamente Gastélum y económicamente la ciudad de Tijuana. El resultado es tiempo y recursos perdidos en lo que pudo ser el inicio de una cultura de movilidad en esta ciudad urbanamente tan improvisada.

Afortunadamente, Tijuana sigue siendo una ciudad de proporciones territoriales medianas; por lo que aún tiene opciones para rediseñar sus vialidades y abastecerlas de transporte público de calidad. Dado que Singapur no es realista, aún sigo soñando con un sistema de metro o metrobús al estilo de la Ciudad de México. Funciona y mueve miles de personas diariamente. Lo usé siete años de mi vida. Dos cosas faltan: voluntad política y participación ciudadana.

*El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance.

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