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El segundo largometraje del dúo conocido como Daniels confirma indudablemente su talento y dominio del medio.

Por Manuel Ríos Sarabia

El segundo largometraje del dúo conocido como Daniels confirma indudablemente su talento y dominio del medio. Como en su anterior cinta, Swiss Army Man (2016), la dupla utiliza lo absurdo de una historia disparatada para profundizar en el ámbito de las relaciones, emociones y el mundo interior.

El foco de la historia es Evelyn Wang y su familia, inmigrantes dueños de una lavandería, que se encuentran en medio del proceso de una auditoría fiscal y ante una posible disolución familiar.

Evelyn (Michelle Yeoh) ha estado sumergida en una profunda frustración con respecto a su vida y su familia. Por un lado, ha vivido eternamente tratando de obtener la aprobación de su tiránico y senil padre, por el otro, ese trauma no le permite ver a su amoroso marido, Waymond (Ke Huy Quan), quien la adora con toda el alma.

Encima, Evelyn, repite la cadena de abuso familiar al no aceptar a su hija, Joy (Stephanie Hsu) tal y como es, exigiéndole demasiado, como lo hizo su padre con ella.

Los Daniels establecen perfectamente a la familia y a cada uno de sus integrantes, así como la dinámica entre ellos y sobretodo la forma en que se repite el patrón de abuso emocional a través de las generaciones. El maltrato que Evelyn recibió de su padre ha dejado marca, y ella lo repite y lo justifica con su hija. Ese daño nunca le permitió verse a sí misma, ni a las personas a su alrededor, que la aman.

Son precisamente las consecuencias psicológicas de las relaciones familiares tóxicas, las que ocasionan el rompimiento en la mente de un personaje, Jobu Tupaki, quien amenaza la existencia de todos los universos. Es aquí donde las cosas se ponen absurdamente divertidas.

El Waymond del universo alfa busca la ayuda de Evelyn para evitar la destrucción del multiverso. Ella parece ser la indicada, ya que tiene el potencial absoluto, al no haber cumplido sus metas, no haber seguido sus sueños, es la peor versión de sí misma. Por ello, es capaz de todo. "Cada decepción te ha llevado a este momento, no dejes que nada te distraiga de ello."

El cuidado que ponen los directores en cada aspecto de la cinta demuestra no sólo su maestría, sino el amor que tienen por el medio, su forma y su narrativa. En momentos son capaces de contar toda una vida en un par de segundos, imprimiendo todas las emociones que esto implica. Brindan a cada secuencia, incluso a las más estrafalarias, un corazón y un alma.

Aprovechando el concepto del multi verso, los Daniels, lo utilizan para homenajear, escribiendo una larga carta de amor a sus influencias, que incluyen elementos tan disimiles como el cine de Kubrick, Wong Kar Wai, las Wachowski, e incluso Stephen Chow y Pixar. Así, la cinta es literalmente, como su título lo indica, todo, en todas partes, al mismo tiempo. Pero la verdadera forma en que los directores acceden al multiverso, es a través de la universalidad de su tema, la herida familiar. Padres que transmiten la herida interminablemente, presionando a las siguientes generaciones hasta el punto de quiebre. Una y otra vez la historia se repite, individuos que no saben dar amor o dar de sí, porque a su vez nunca recibieron nada. De alguna forma se tiene que romper esa cadena, y la única forma es a través del amor y la amabilidad. Hay que elegirlos.

Así, el conflicto personal se convier te en universal y demenciales batallas campales se libran por todos los universos habidos y por haber.

La revelación en la cinta es el retorno a la pantalla de Ke Huy Quan, que tuvo éxito como actor infantil en los ochenta (Indiana Jones y Goonies). Como Waymond, Quan, es la pieza central para resolver el conf licto a través de la amabilidad, revelando que aquello que parece hostilidad inexplicable en muchos individuos, en realidad sólo es miedo.

El clímax de la cinta es operático y revelador, apelando a ver hacia adentro, dejar de buscar la aprobación desde afuera y encontrarla en el interior.

Los Daniels en el proceso, entregan la mejor película del año, ofreciendo una clase maestra a Marvel y compañía de cómo se hace una película sobre multiversos, con algo que decir, que va mucho más allá de efectos y explosiones. Seamos amables. Es la única forma de luchar.

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