Tendencias
Cintilla de tendencias

Cruce fronterizo

Homicidios Tijuana

Maltrato animal

Clima Tijuana

Desaparecidos en Tijuana


Casillero

Tijuana no se lo merece

“Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos.” Simón Bolívar

Por Ignacio Calderón Tena

El pasado viernes, el poeta florentino, Dante Alighieri, visitó Tijuana, con objeto de trabajar en su famosa obra La Divina Comedia, considerada como una de las obras máximas de la literatura universal producida en Europa durante la Edad Media.

Efectivamente, Dante estuvo en Tijuana y pareciera que quiso recrear las imágenes del infierno en nuestra querida y vilipendiada Ciudad que, a pesar de los esfuerzos de muchos, en momentos se convierte en nido de malvivientes y todo por la desgracia de ser paso obligado de personas y mercaderías al vecino país del norte, en donde los vicios se satisfacen a costa de todo y de todos.

Si le preguntamos al 80 o 90 por ciento de las personas que viven en esta bendita tierra, la razón por la cual se encuentran en ella, seguramente la respuesta será por buscar una mejor condición económica y todos ellos lo logran. Han dejado sus lugares de origen y se han aventurado a vivir en una ciudad que se encuentra literalmente en el punto más lejano del macizo continental, donde empieza la patria, pues.

Todos al llegar a estas tierras lo hacemos con cierto recelo de lo que encontraremos en este girón de la patria, sin embargo, poco a poco nos encontramos con gente buena que le tiende la mano al “fuereño”, con innumerables oportunidades de empleo que nos hacen ver que, a pesar de estar lejos, se cuenta con lo necesario para una vida más digna y desahogada.

Así como Tijuana tiende la mano a hombre y mujer honestos que quieren lo mejor para sus familias, también recibe a personas con malas intenciones, como traficantes que aprovechan la vecindad con el estado más importante del país más importante del mundo para hacer sus fechorías. Ese es el costo de una vecindad, que lo mismo nos da oportunidades comerciales insospechadas, una espléndida vida multicultural, gastronómica y de recreación, pero que también suele ser refugio de bandas de delincuentes.

Efectivamente, mi Tijuana se encuentra muy sucia, con calles destrozadas y con una ola delictiva que va en aumento; todo esto, producto de pésimos gobiernos de los distintos colores partidistas que solamente han hecho fortunas personales y pingües ganancias a costa de desviar recursos de esta noble ciudad.

Sin embargo, lo que no es justo, es que la manchen un grupo de facinerosos que viniendo de fuera pretendan sembrar el pánico frente a unas autoridades carentes de toda organización, que nunca vieron donde se quemaban camiones y que después de ello, no han podido demostrar a la sociedad esa supuesta fuerza policiaca que presumen pero que parece inexistente.

Los que de verdad amamos esta tierra que nos bendice con el “pan nuestro de cada día”, que nos brinda la oportunidad de ser personas de bien, nos sentimos impotentes ante tanta atrocidad y peor aún, sin elementos para infundir en las nuevas generaciones el amor al trabajo honesto, a vivir los valores y principios cristianos, pues cada día menos personas están dispuestas a dar su vida por los demás, sin embargo, ahora más que nunca debemos de trabajar con nuestras autoridades para recuperar nuestra querida Tijuana.

Deseo fervientemente que, así como la Divina Comedia de Dante Alighieri, tiene un final feliz, así también espero de todo corazón que poco a poco vayamos ganando la batalla y que nunca más volvamos a vivir escenas tan desgarradoras como las acontecidas el viernes pasado.

Comentarios