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Columnas Águilas y serpientes

Sociedad en decadencia

Cada día nos estamos convirtiendo más en una sociedad en decadencia. Nos creemos superiores a todos y nos atacamos constantemente.

Por Rafael Liceaga

Cada día nos estamos convirtiendo más en una sociedad en decadencia. Nos creemos superiores a todos y nos atacamos constantemente. Destruimos ecosistemas, secamos ríos, lagos, desaparecemos a especies en peligro de extinción, que no estarían en extinción si no fuera por nosotros, nos matamos entre nosotros mismos, etcétera.  Hoy, tanta barbaridad es la realidad en la vida del ser humano.

Aun sabiendo el daño que hacen, algunos nos hablan de moralidad y valores con engaños, para manipular leyes, normas, costumbres, cometer homicidios, infanticidios y maltratar mujeres. Mientras solapan violaciones sexuales, feminicidios, corrupción, asesinatos, torturas, desapariciones forzadas. Nuestras sociedades son masas decadentes que son tierra fértil para los criminales que nosotros mismos creamos. La doble moral se palpa en todos lados, en todos los sectores y en todos los estratos sociales.

Nuestra sociedad ha sido infestada de homofobia, misoginia, racismo y xenofobia, entre otras muchas cosas más, que nos provoca pérdida de la conciencia, de la integridad y de la solidaridad. Somos masas cada día más intransigentes y bárbaras. Cada día más peligrosas para nuestras familias y su seguridad.

Masas sedientas de consumismo, coludiéndonos con corruptos, solapando misóginos, estafadores, violadores de derechos humanos y criminales de todo tipo. Impostores y farsantes que lo mismo están en el trabajo que en la calle; que igual están en la escuela que en la familia, etcétera. Porque nada les importa más que su bienestar egoísta.

Los resultados de nuestra indiferencia están a la vista. Inseguridad en las calles, no porque la policía no funcione, sino porque nuestras familias producen delincuentes. Y de ahí viene el crimen organizado, la corrupción, el maltrato a las mujeres, los secuestros, los homicidios, los infanticidios.

La mayoría de los niños que desaparecen es por descuido o por algún conflicto o malentendido con o entre los padres. La mayoría los secuestra un familiar o un conocido. Casi todos los niños secuestrados por desconocidos lo son por hombres, y unas dos terceras partes de los secuestros son de niñas. Aunque también intervienen mujeres, a quienes ya también les está llegando la degradación.

Esté al corriente de las actividades de su hijo y de sus “amigos” virtuales, y recuérdele que no debe dar nunca información personal a nadie, ni por Internet. No publique información ni fotografías de él. Fije límites sobre los sitios a los que puede ir. Vigílelo en lugares abiertos. No lo deje nunca solo. Escoja con cuidado a las personas que lo cuidan y compruebe sus referencias. Si ha quedado en que otra persona vaya a recoger a su hijo a la escuela o guardería, informe antes a su hijo y a la escuela.

Uno de los retos de ser padre consiste en enseñar a los hijos a ser prudentes sin infundirles miedo ni preocupación. Hable con su hijo a menudo sobre la seguridad, y dele unas normas básicas para evitar situaciones potencialmente peligrosas y cómo escapar de ellas. Y, sobre todo, trabajemos todos en la reconstrucción de los valores de nuestra sociedad.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina 
y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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