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Sueños de plata

Sin Tiempo Para Morir: Dir. Cari Joji Fukunaga

La última película en la saga del Bond de Daniel Craig, llegó a las pantallas y plataformas con dos años de retraso de su fecha inicialmente programada para noviembre del 2019.

Por Manuel Ríos Sarabia

La última película en la saga del Bond de Daniel Craig, llegó a las pantallas y plataformas con dos años de retraso de su fecha inicialmente programada para noviembre del 2019. El primer retraso debido a la salida del director Danny Boyle, el cual hubiera hecho de la cinta, sin duda, la más estilizada en los 59 años de la serie, sólo queda especular.

El siguiente retraso fue debido a la pandemia y al hecho de que se buscaba un estreno en cines, o esa fue la explicación, y es que en la trama de la cinta hay demasiados aspectos tan cercanos a lo que ha sucedido en el mundo desde la fecha en que estaba planeado su estreno, reprogramado para abril de 2020. La cinta inicia prácticamente donde quedó el “final feliz” de Spectre, con Bond y Madeleine (Léa Seydoux) disfrutando de una idílica “luna de miel” en Italia, la cual no dura mucho, ya que los enemigos de ambos tienen otros planes.

Previo al tradicional prólogo de acción, se presenta lo que podría llamarse el origen de Madeleine, una versión modificada o más específica, de lo que ella le explicó a Bond en Spectre. Este tipo de diferencia en las versiones hace evidente una constante en la saga de Craig, la narrativa inconexa entre las distintas cintas, que intentan, una y otra vez, vincularse a posteriori.

Esto llegó a su ápice en Spectre, donde se revelaba que todos los acontecimientos previos formaban parte del gran plan maestro de Blofeld (Christoph Waltz) contra Bond. Lo cual hizo tanto del villano, con motivaciones telenovelescas y por demás absurdas, como de la película misma, algo peligrosamente cercano a la paródica trilogía de Austin Powers. Siguiendo la misma línea, porque ya no hay hacia donde hacerse, Fukunaga y compañía decidieron ir por más, vinculando al nuevo villano y a Madeleine con Blofeld y Bond, para hacer una gran familia del bien y el mal. El mcguffin, que le llamaba Hitchcock, es un arma de destrucción masiva biológica, que en práctica es muy similar al virus que ha afectado al mundo los últimos veinte meses. Nanobots (robots microscópicos) que entran por la piel y pueden ser codificados al ADN para afectar selectivamente a grupos específicos. Ponderando la premisa a través de lentes conspiranoicos, se podrían sacar muchas conclusiones, la más inofensiva quizá, la posible verdadera razón del retraso en el estreno de la película.

El hecho de que la temática sea tan cercana a la pandemia que vivimos, y era mejor evitar propagar ese tipo de ideas justo en ese momento. Virus creados intencionalmente para diezmar la población mundial. Pero tomemos a Bond como lo que se supone debe ser, entretenimiento. En ese aspecto, Fukunaga entrega una cinta que cumple con todos los requisitos de Bond, y como punto final a la pentalogía de Craig, aprovecha para colmarla de guiños a anteriores cintas, recreando escenas y reinterpretándolas. Pero los homenajes no se limitan al canon de Bond. Fukunaga incluye una secuencia entera que es un tributo al Retorno del Jedi, y para no dejar duda alguna, viste a Craig con las ropas que portaba Han Solo.

Y hablando de Harrison Ford, en otra secuencia, la guarida del ridículamente llamado villano, Lyutsifer Safin (un igualmente exagerado Rami Malek), resulta idéntica a la del villano de Blade Runner 2049. Claro que esto se puede deber a los similares gustos de los genios megalómanos. En cuanto a novedades incluidas, tuvieron que pasar 58 años y veinticinco películas para que apareciera la primera agente doble cero femenina, Nomi (Lashana Lynch), y al hacerlo se desperdició la oportunidad, con un personaje escrito de la manera más floja posible.

Por otro lado, se introdujo a otra agente, Paloma, interpretada por Ana de Armas, que en sus cinco minutos en pantalla se roba la película con su adorable encanto y deja muy claro que después de esto, no necesitamos a un nuevo Bond, lo que realmente necesitamos es una serie con las aventuras de Paloma, la agente cubana. La cinta sin duda es un final digno y heroico para Bond, lástima que no esté aquí para acabar de una vez por todas con la pandemia. El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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