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Jean-Jacques Rousseau, uno de los primeros revolucionarios y sabio como pocos, partía de la noción de que somos buenos por naturaleza y es la sociedad la que nos moldea hacia la maldad.

Por Ricardo Menéndez

Jean-Jacques Rousseau, uno de los primeros revolucionarios y sabio como pocos, partía de la noción de que somos buenos por naturaleza y es la sociedad la que nos moldea hacia la maldad. Esto también es fundamento del pensamiento religioso, sin embargo el concepto del pecado original sugiere que tenemos una maldad que resolver. La psiquiatría se dirige en otra dirección, que se nace con una estructura de la personalidad determinada. Se distinguen un puñado de personalidades básicas que determinan cómo somos, la historia personal las acotará en su relación con los demás, le pedirán que controle tal o cual rasgo de esa personalidad base. Puede ser que alguien tienda a tener características de la personalidad obsesiva, o narcisista e incluso psicópata y conseguir controlarlos y poder convivir en armonía.

Es el grupo social el que hace que tal o cual trastorno se exprese en mayor o en menor intensidad. Para que un país, una región, una ciudad o un barrio sea prolífico para el crimen se necesitan dos ingredientes, la pobreza y la injusticia, suelen coexistir. La pobreza obliga a no poder cumplir algunos requisitos legales, no necesariamente por maldad, sino por necesidad, por ejemplo, un diablito. Pero cuando hay tanta impunidad hasta el rico estará tentado a hacerse más rico en el crimen organizado. La enorme cantidad de ho

micidios que ha habido en Tijuana en los últimos tiempos es escalofriante, la calidad también, torturados, cercenados.

El sicario, el extorsionador y el torturador son los que presentan un buen ejemplo de la personalidad antisocial desenfrenada. Dime en qué barrio vives y te diré qué pandillas te pueden atacar. Estamos copados por grupos de unas decenas de hombres que se ponen un sobrenombre con el que se hacen conocidos, extraños nombres, por cierto. Así como cada psicópata tiene un sobrenombre, una variedad de apodos gigante, digno de un diccionario. Por si fuera poco, tienen un léxico singular, el buchón. Algunos estarán tatuados, marcados a un grupo y forma de pensar. La llamada santa muerte es un buen ejemplo de su distorsión del mundo circundante, el criminal en México tiene una especie de escuela, un estilo. Increíblemente llegan tan lejos como llegaban las telenovelas mexicanas, tiene que haber narcos trajeados que circulen por el mundo y muevan millones y millones. Un conocedor del léxico y estilo local identificará a otro, se huelen. Si no hay gobernanza tienden a atraerse y formar agrupaciones aumentando exponencialmente su poder. Mi humilde opinión es que lo que nos falta es un moderno y decente equipo de inteligencia y un sistema judicial que resuelva. Somos un país ocupado por la delincuencia, cada vez hay más llegada del ejército y guardia nacional a retomar regiones.

* El autor es sicólogo y ejerce en Tijuana.

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