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Trump narcisista o Pence sicópata, esa es la pregunta. Muchos profesionistas de salud mental, incluyéndome, han hablado ampliamente de la patología del presidente Trump.

Por Ricardo Menéndez

Trump narcisista o Pence sicópata, esa es la pregunta. Muchos profesionistas de salud mental, incluyéndome, han hablado ampliamente de la patología del presidente Trump. Varios hemos llegado a la conclusión de que Donald Trump padece de un trastorno narcisista de la personalidad. El narcisista está caracterizado por creerse superior, necesidad de estar en el centro de atención, pobre empatía (excepto a los aduladores), no gustan de órdenes ni de vulnerabilidad alguna. En el caso de Trump esto se manifiesta de manera más obvia en su uso de las redes sociales donde descalifica y ofende a medio mundo, incluyendo a Greta Thunberg, una activista de 16 años. Esto también se manifiesta en su completa negación y habilidad de aceptar cualquier crítica a su personalidad, mostrando grandiosidad como respuesta a cualquier crítica. En la denuncia en curso el Presidente puede ser destituido acorde a la cámara legislativa, pero la de senadores está controlada por él y allí terminará. Esta fallida destitución lo será también porque al final favorecerá al narcisista Trump habiendo obtenido toda la atención y generando un mar de oportunidades para hablar de él mismo. Torcerá la verdad y atacará a los demócratas victimizándose y ridiculizándolos. Sus oponentes demócratas tendrán que estar hablando de él, mal, pero de él. No creo esté preocupado, lo imagino gozándola. Pero si las cosas no salen bien para Trump, el plan B es más macabro: Pence.

El actual vicepresidente comparte toda la política antimigrante, a favor de la guerra y en contra de los derechos humanos, sin embargo no hace un teatro narcisista, no se pavonea. Tiene rasgos sicópatas, un hombre frío y calculador, no un pillo como Trump, sino un rígido que no puede sentarse en la misma mesa con una mujer si no está la suya a su lado. Cara de palo y calculador, misterioso y siniestro. Alguien que no necesita lo que el narcisista. Alguien con el que no se puede negociar, finalmente el narcisismo de Trump siempre abre campo a acordar algo, dejándolo engrandecido en su imaginario. El narcisista es predecible y si sabemos sus debilidades se le puede domesticar. El domador número uno a mi juicio ha sido AMLO, entiende perfectamente su condición narcisista. Le da por su lado, cede para entonces avanzar. Con Pence no podría hacerse esto, no flaquea por ningún lado. Es un buitre al acecho, un personaje siempre a las espaldas de Trump, celebrándole sus excesos narcisistas con una siniestra sonrisa. Se describe como cristiano, conservador y republicano, en ese orden. Para él la homosexualidad es una enfermedad a prevenir, el aborto debe ser completamente prohibido, los condones no funcionan, solo la abstinencia. Era católico, se hizo más conservador como evangélico y terminó “born again christian”.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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