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Se burlan de nosotros

Esa información que nos entrega el principal investigado de delitos en el país, que nos tranquilizó porque nos hablaba de un alto a la impunidad, en las esferas de la clase social más alta del país, era una cruel y soberana mentira.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.

El Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, quien ha utilizado esta institución para fortalecer sus asuntos personales, sobre todo en materia de venganzas con familiares y otras, aseveró en varias ocasiones que Emilio Lozoya, ex director de Pemex, quien es acusado e investigado judicialmente de haber recibido, de parte de la compañía Odebrecht 10.2 millones de dólares para ser utilizados en la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, estaba bajo arresto domiciliario con una pulsera en el pie, que controlaba sus movimientos restringidos a su propia casa. Esa información que nos entrega el principal investigado de delitos en el país, que nos tranquilizó porque nos hablaba de un alto a la impunidad, en las esferas de la clase social más alta del país, era una cruel y soberana mentira.

El caso de la trasnacional Odebrecht, que estaba abriendo el asunto de la enorme corrupción que sufrimos en México, comenzó a proporcionar nombres de funcionarios de muy alto nivel involucrados, obligó a estos funcionarios corruptos a cerrar la información pública del caso. Desde que fue arrestado en España Emilio Lozoya, las autoridades judiciales y el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, nos aseguraron que la justicia estaba a cargo de este asunto. Sin embargo, la semana pasada cuando Lozoya fue fotografiado en un

restaurante de primerísimo nivel, la realidad se nos vino encima. Todo era una falacia, un espectáculo mal montado, Lozoya está libre y puede ir hacia donde él quiera, ahora lo que haga solo es inmoral.

La protección que brindan los propios funcionarios corruptos se refuerza con las acciones que los entrantes van a desplegar, para auto protegerse. Por eso es por lo que los casos de los expresidentes municipales corruptos como Urbalejo, Moreno González y la nefasta Nereida Fuentes siguen disfrutando lo que no les pertenece. La trasnacional brasileña Odebrecht que hizo pagos millonarios en dólares para obtener contratos de construcción, no llegó a corromper a los funcionarios mexicanos. Estos ya tenían las manos llenas de lodo. Esto los mexicanos ya lo sabíamos.

Pero ha sido tan constante la cantaleta de que iban a barrer las escaleras de arriba hacia abajo, que nos lo creímos. Pero ahora ya sabemos que no. No están barriendo ni creo que lo harán. Los corruptos seguirán teniendo su cielo en la Tierra y no pasará nada. No habrá justicia.

Ahora los mexicanos tenemos un escarnio más que soportar: la afrenta de la mentira del arraigado Lozoya. No sé qué duele más, si el tener la seguridad de que a ningún funcionario le interesa detener a los delincuentes, y prefieren montar cualquier teatro para disimularlo o; tener la seguridad de que pasarán muchos sexenios más antes de que cambien las cosas. Tal vez no sea en nuestras vidas cuando quienes lleguen a ocupar puestos públicos lo hagan por su honradez y probidad, y no porque sean parte de un equipo programado para apoderarse de las finanzas públicas y dedicado a ser el escudo del crimen organizado. Porque creámoslo o no, esta es una de las principales acciones que muchos funcionarios de elección popular desarrollan. Vale.

*El autor es Licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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