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Columnas Ecoanálisis

Represalias ambientalistas

En noviembre próximo podría darse una situación que nunca imaginamos pudiese acontecer en México.

Por Alberto Tapia

En noviembre próximo podría darse una situación que nunca imaginamos pudiese acontecer en México. Para que el ecológico lector tenga el panorama completo, permítame exponer un breve antecedente. Cuando el ambientalismo global nos acusó primero y luego nos sentenció al llamado embargo atunero, fue porque nuestra pesquería del atún mataba en sus redes a delfines. La comunidad internacional decidió castigarnos NO comprando el atún mexicano. Consecuencia: La economía de Ensenada, B.C. cayó en una crisis de la que todavía no acaba de recuperarse, aunque el embargo ya fue levantado. Pero la flota atunera bajacaliforniana desapareció, ya que casi todas las empresas trasladaron sus barcos a  puertos sonorenses y sinaloenses.


Pero a pesar del daño sufrido no aprendimos la lección. México pertenece a la Convención Sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre, CITES. Esta organización ambientalista ya lanzó otra amenaza: embargo a todo producto marino mexicano si la vaquita marina se extingue y/o el tráfico de buche de totoaba continúa. Entonces los camaroneros mexicanos se alarmaron y con toda razón, el mejor camarón de ambos golfos se exporta principalmente a los EUA. Pero luego las amenazas siguieron por el rumbo de la producción agrícola, en donde el tomate y el aguacate encabezan la exportación, también, principalmente a los EUA.


En mayo de este año la CITES descalificó a México por los nulos resultados en la protección de la vaquita y la NO disminución del tráfico de buche, situación que se refleja en apenas en un 13.5 % de sentenciados que fueron detenidos traficando. Mientras, el Gobierno Federal ha estado prometiendo a los pescadores que pronto regresarán a pescar bajo un nuevo esquema que no aparece, como nunca aparecieron las famosas artes de pesca diseñadas para liberar a la vaquita de las redes. En la reunión del lunes pasado en Ginebra, México resultó nuevamente señalado por ineficaz para controlar la pesca clandestina en el alto Golfo de California, y anunciaron nuevas amenazas que se implementarán a partir del próximo mes de noviembre.


Y es aquí en donde el problema socio-ambiental toma un giro inusitado. Ahora, además de los embargos anunciados, los 183 países, incluido los EUA, preparan bloquear la exportación de los siguientes e inusuales productos naturales mexicanos:

aleta de tiburón, así como trofeos de caza de lince, puma y borrego cimarrón. En lo vegetal, madera de caoba y cera de candelilla. Así las cosas, los pescadores que no respetan a la totoaba y a la vaquita, podrían acabar con las UMAS borregueras. Las unidades de manejo de fauna silvestres de Sonora y Baja California Sur, que venden el 90% de sus cacerías de cimarrón a estadounidenses, que si se aplica el castigo, ya no podrán ser exportados por sus cazadores. Y es precisamente el codiciado Permiso CITES el que se requiere para cruzar la línea divisoria con un trofeo de cimarrón, aunque este fuese cazado legalmente en UMA. En realidad, nunca imaginé que pescar totoaba ilegalmente, llegara a impedir a los estadunidenses cazar cimarrón legalmente.

*- El autor es investigador ambiental independiente.

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