Columnas Águilas y serpientes

Qué esperar de la esperanza

¿Morena es la esperanza de México? Pues eso nos dijeron y yo lo quiero creer así, a pesar de los altibajos de estos primeros seis meses de gobierno del “cambio”.

Por Rafael Liceaga

¿Morena es la esperanza de México? Pues eso nos dijeron y yo lo quiero creer así, a pesar de los altibajos de estos primeros seis meses de gobierno del “cambio”. Mi esperanza la baso en los principios de Morena, quien, al parecer, ahora gobierna casi todo. Y sé que hay mucha gente capaz, pero también estoy consciente que hay mucha gente “renacida” de otras tribus políticas, que no dejaron buena huella en sus andanzas “neoliberales”. Todos tienen que ser dignos de la nueva regeneración.

Y en lo primero que fundo mi esperanza es en los principios de Morena, dentro de los cuales se encuentran: “El cambio verdadero del País comienza por cambiar la forma tradicional de intervenir en los asuntos públicos. La política no es asunto solo de los políticos”. O sea, aunque no lo dice claro, funda su cambio en la participación ciudadana. “Morena es un espacio abierto, plural e incluyente, en el que participamos personas de todas las clases sociales y de diversas corrientes de pensamiento, religiones y culturas”. Espero que lo hagan válido. “Nuestro movimiento reconoce su esencia en la pluralidad”, etcétera.

La esperanza se fundamenta en el encuentro y el diálogo, en un conjunto de actitudes, de oír y dejar hablar. Así, la esperanza, no se satisface hasta el cumplimiento de lo prometido. La esperanza conlleva el coraje, que no se reduce al simple instinto por sobrevivir, sino que supone el coraje paciente y perseverante que no cede al desánimo en los conflictos. La esperanza se realiza, cuando es genuina, en la paciencia.

Así es la esperanza: Es algo que nos motiva a luchar. Quien no la tiene, está acabado. Por eso algunos opositores hablan sin esperanza y con rencor, porque no conocen el objeto de la esperanza. Infundir esperanza no es otra cosa que ofrecer arreglo a lo que está mal, un lugar donde apoyarse, un ancla para mantenerse firme. Cada encuentro con la gente, cada diálogo basado en la solidaridad, la tolerancia y el respeto, es parte del fomento de la esperanza. Porque no habrá motivo para esperar mucho del futuro si los signos de la esperanza no se hacen visibles en el presente.

La esperanza dinamiza el presente, es el deseo que lleva a provocar la aparición o la construcción del objeto de esa esperanza. Y solo se puede esperar con esperanza aquello que de alguna manera depende de nosotros. Es decir, nos gusten o no nos gusten los gobiernos actuales, el verdadero cambio comienza con nosotros. Si nosotros no hacemos nada, nadie podrá hacerlo, ni de una manera ni de otra. Necesitamos todos una esperanza apasionada, positiva, basada en nuestro propio trabajo. Pero la esperanza es esperanza en lo que se prometió, y no la simple espera de lo prometido.

Los que votaron por el cambio, a darle. Los que no, a aguantarse y no estorbar. Los del “cambio”, a cumplir. Para que la espera en la esperanza sea más pronta que como la vemos.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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