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Columnas Mar de fondo

¿Qué debería hacer AMLO?

Enfrentar la pandemia del coronavirus Covid-19 representa ya uno de los retos más grandes que ha tenido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Enfrentar la pandemia del coronavirus Covid-19 representa ya uno de los retos más grandes que ha tenido el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Es un reto no sólo de carácter epidemiológico sino también en términos de salud pública, sociales, económicos y políticos. Aquí el gobierno de AMLO se juega realmente todo.

Desde mi visión como analista hay cinco cosas que debería hacer y que, hasta ahora, no está haciendo y me temo que no va a hacer, pase lo que pase.

1. En primer lugar, el presidente debería generar confianza entre la población, no sólo entre algunos sectores sino en todos, por más adversos que le sean o que no hayan votado por él. Confianza en términos de saber que frente a la tormenta que azota al país (que puede agravarse todavía más), hay alguien que tiene en sus manos el timón del barco.

En este momento, el gobierno de López Obrador se ha visto bifurcado. Por un lado están los epidemiólogos o los expertos en salud representados por el subsecretario Hugo López Gatell, quienes han diagnosticado la situación y comunican diariamente las medidas a tomar para la población en general. Pero, por otra parte, está el presidente quien se ve haciendo lo contrario de las medidas dictadas por los primeros para impedir los contagios.

El presidente debería saberlo, pero eso no genera confianza y resta una gran efectividad a las medidas que se buscan para prevenir la extensión de la epidemia. Un detalle pequeño pero fundamental.

2. En segundo lugar, el gobierno mexicano ya debería estar formulando una estrategia o un plan para hacerle frente a una de las crisis económicas más severas que dejará como saldo la pandemia. Una crisis que encontrará en un estado lamentable al país, provocando la profundización y la extensión de los problemas como la pobreza y el desempleo, entre muchos otros.

La pandemia obliga al gobierno a cambiar sus prioridades y la orientación de muchos de sus proyectos y programas como condición para enfrentar todo lo que viene. Salvo que el próximo domingo lance una nueva propuesta, hasta ahora el presidente ha minimizado e incluso ha discrepado del diagnóstico de la misma SHCP que estima una caída del 3.9 del producto interno bruto. “Es una crisis transitoria, no una debacle”, dijo López Obrador el jueves pasado.

3. El presidente ha propuesto a sus adversarios políticos “una tregua” para estos momentos. Pero no es una tregua lo que se requiere, sino un cambio en su enfoque de hacer política, en la que se privilegie el dialogo y los acuerdos entre todos los actores sociales y políticos. López Obrador necesita dejar de ver un país dividido entre conservadores y liberales, como en la época de la Reforma, o entre buenos y malos, manteniendo viva una polarización que tensa las fuerzas pero también impide avanzar.

Un país fragmentando política e ideológicamente no podrá salir de las crisis, sino conducirlo a un callejón sin salida.

4. El cuarto punto será quizás el más difícil para López Obrador, pero la crisis que está a punto de estallar obliga a replantearse radicalmente el proyecto de la 4T, enfocado principalmente en los sectores más pobres o más necesitados, sin considerar la amalgama o la dinámica económica y social en que se da la pobreza y la desigualdad social.

La 4T de AMLO está basada en un “Estado protector” de los más pobres, que optimiza ingresos y recursos por una política de “austeridad” y el combate a la corrupción, pero (cosa que se olvida) obtiene ingresos y recursos de la economía en su conjunto, del capital privado y capitalista, a los que AMLO no quiere apoyar.

5. La crisis provocada por la epidemia, como se puede deducir hasta aquí, obliga al gobierno de López Obrador a un viraje radical en todos los aspectos de sus políticas y enfoques, lo que se ve absolutamente difícil que suceda por las ideas inamovibles del presidente. Pero si no hay cambios, el país puede ir a contracorriente de una realidad que llegará y golpeará duramente a la mayoría de los mexicanos.

En síntesis, la situación mundial y nacional requiere una gran flexibilidad de pensamiento, virajes radicales y medidas urgentes en el campo de la economía y el apoyo a los más necesitados, pero también una mirada de estadista, un líder inclusivo que integre a todos los grupos de la sociedad.

Es el momento más crucial de López Obrador. De esta crisis puede resurgir como un gran presidente y con capacidad de sortear las peores tormentas, o bien, quedar como todos los que lo han precedido, culpando a los otros y refocilándose en odios antiguos y en batallas del pasado. Hasta hoy la balanza se está inclinando hacia este lado.

*El autor es analista político

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