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Pobreza sin fronteras

La diáspora (vocablo que describe la dispersión de los judíos) alcanzó su mayor utilización a partir de los desalojos, expulsiones o, mejor acogido, por el éxodo migratorio impuesto sobre pueblos de múltiple nacionalidad u origen de raza.

Por Antonio Medina de Anda

La diáspora (vocablo que describe la dispersión de los judíos) alcanzó su mayor utilización a partir de los desalojos, expulsiones o, mejor acogido, por el éxodo migratorio impuesto sobre pueblos de múltiple nacionalidad u origen de raza. De hecho el fenómeno de deambular en procura de mejores condiciones de sobrevivencia no responden, de acuerdo a lo estudiado, a un determinado patrón sino a sucesos variados producto de luchas fundamentalistas, guerras civiles, invasión de pueblos (pero), con más intensidad, a causa de la engendrada pobreza y marginación que los acumuladores del poder político y económico imponen a los desposeídos: en nuestro país, por citar un caso, 9 sujetos concentran la riqueza de 52 millones de mexicanos.

Sin ánimo de refutar los motivos que han empujado al destierro humano, lo relevante es el hecho de que no corresponde a los grandes conflictos bélicos (guerras mundiales, hostilidades de baja intensidad o revoluciones sobresalientes) el haber ahuyentado de su morada habitual a millones pues incumbe al despojo del gran capital, en particular al instituido y extendido por el neoliberalismo, cuya depredación multiplicó el peregrinar global que hizo huir a pueblos enteros desafiando cualquier peligro con tal de aminorar su infeliz existencia.

Sin considerarse original y menos distintivo el bautizado por el PRI  “México, el cuerno de la abundancia”, la naturaleza parceló, sembró al país azteca al lado del poderoso imperio gringo el cual, por si algo faltara, la misma ley natural pegó a la cola del Tío Sam un territorio de suyo atacable, quebrantado e inseguro donde las mieles de la pregonada abundancia ha sido, de tiempo inmemorable, un frondoso cuerno que abastece a solo determinado grupúsculo en tajante quebranto de las mayorías que, demostración histórica de por medio, generaciones tras generaciones han continuado deambulando hasta el lugar que les brinde la oportunidad de comer y vestir.

En el caso de Latinoamérica para no escudriñar en otros planos geográficos; la casta saqueadora y vende patrias allí prevaleciente ha falseado la realidad de los pueblos responsabilizando a la violencia religiosa, comunitaria o étnica como la causa y efecto de descargar el látigo para que diversos pobladores salgan corriendo, de preferencia, hasta el territorio estadounidense por creerlo opción de subsistencia mientras, las oligarquías criollas, culpan a la “violencia” intergrupal, de ser culpable de lanzar al exterior a hombres, mujeres y niños y no a la explotación y pobreza de la que son objeto.

La realidad, sin embargo, testimonia que ni en los momentos de extrema brutalidad encarnada por golpes de estado, gobernantes gorilas, insurgencia guerrillera o actos de exterminio financiados y dirigidos por Washington; la ola de migrantes fue mayúscula ni masiva tal se observa y reciente ahora lo que explica, con exactitud, la acelerada y apabullante miseria del sujeto social convertido en población excluida, sobrante, forzada a reunirse y marchar en caravanas rumbo al Norte.

El dramático dilema, por encima de protocolos y contubernios pactados entre la salerosa 4T y el nazi Trump, tienden al fracaso de unos y otros porque la pobreza no tiene fronteras…

* El autor es diplomado en periodismo por la UABC.

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