Tendencias
Cintilla de tendencias

Covid-19

Homicidios Tijuana

Regularización de autos "chocolate"

Clima Tijuana

Desaparecidos en Tijuana


Columna Huésped

Pedro N. Ulloa: versos de puerto

Entre 1882 y 1908 las principales poblaciones fronterizas se consolidan, empezando por el puerto de Ensenada, que adquiere en 1882 categoría de capital del Distrito Norte de la Baja California y siguiendo con Tijuana, Mexicali y Tecate.

Por Gabriel Trujillo

Entre 1882 y 1908 las principales poblaciones fronterizas se consolidan, empezando por el puerto de Ensenada, que adquiere en 1882 categoría de capital del Distrito Norte de la Baja California y siguiendo con Tijuana (1889), Mexicali (1903) y Tecate (1908). Esto trae consigo la creación de una sociedad fronteriza en donde empiezan a destacar periodistas, narradores y poetas que disfrutan las tertulias, los discursos públicos y la publicación de sus textos en los periódicos locales. Lo interesante de las últimas décadas del siglo XIX es descubrir que las corrientes literarias que aparecen en el ámbito nacional están igualmente presentes en los escritores locales. Un solo ejemplo baste para confirmarlo. En 1888, en el Periódico oficial del Distrito Norte de la Baja California se publica el poema “Hastío” de Juan B. Uribe, un abogado ensenadense. Esta breve composición muestra no sólo el aprendizaje de la literatura romántica de su tiempo sino los intereses, claramente urbanos, cosmopolitas e incluso decadentistas, que Uribe maneja con soltura y brío, como un poeta decimonónico al día.

Si Uribe es el último romántico del siglo XIX, el primer literato en aparecer en el siglo XX es Pedro N. Ulloa (ciudad de México, 1881-Hermosillo, Sonora, 1912), quien colabora en El Progresista (1903-1904), semanario de Ensenada que da espacio a las manifestaciones literarias del puerto, como son los poemas de su autoría. Es en El Progresista (1903-1904), donde uno descubre que esta vida cultural porteña estaba al día y se hallaba firmemente comunicada tanto con el resto del país como con la costa oeste de los Estados Unidos. En las librerías de la Ensenada de aquellos años se podían conseguir libros de Emilio Zola, Rafael Delgado, Alejandro Dumas, Manuel José Otón, Heriberto Frías, Antonio Plaza, Manuel Acuña, Amado Nervo y Manuel Gutérrez Nájera. Así como la colección del “Parnaso Mexicano”. La poesía, el teatro y el baile eran aquí actividades florecientes, enmarcadas en la vida educativa, social y económica de aquel puerto en apogeo en las postrimerías del porfiriato. Entre los principales promotores de esta vida cultural se hallan periodistas y bohemios que lo mismo hacían de jurados en concursos de belleza que actuaban en obras de teatro para solaz de la sociedad ensenadense. Entre los más connotados estaban David Zárate, Carlos R. Ptacnik y Pedro N. Ulloa. Este último era quien proclamaba en El Progresista, periódico del que era redactor, que “la época del lirismo ha concluido. La sociedad enriquecida por el trabajo y aleccionada por la experiencia, ha entrado en un periodo fecundo de meditación y de reposo”; o afirmaba que “necesitamos ya, y urgentemente, el novelista mexicano y al dramaturgo nacional, que, a la luz del arte, de la sociología y de la moral, nos pinte cuales somos, con nuestras pasiones propias, hijas del medio en que vivimos”.

Desde que el historiador David Piñera Ramírez rescatara del olvido, en 1982, al semanario El Progresista (1903-1904), a don David nadie le supo dar razón de su trayectoria como autor bajacaliforniano. Sólo hasta la aparición de la antología de Gabriel Trujillo Muñoz, Un camino de hallazgos. Poetas bajacalifornianos del siglo XX (1992), es que la figura de Pedro N. Ulloa se define de cara a la historia pionera de la literatura bajacaliforniana.

Nacido en la ciudad de México en 1881, Ulloa es trasladado muy pequeño, por motivos familiares, al estado de Chihuahua. Pero apenas cumplidos los 22 años, el joven Pedro llega a residir al puerto de Ensenada, donde trabaja como jefe de redacción de El Progresista, un periódico al servicio de Celso Vega, el jefe político y militar del Distrito Norte de la Baja California. Ya es entonces un orador destacado de la tiranía y un hombre que se mueve con soltura en los círculos del poder porfirista. En 1904 sale de Baja California y, según el investigador Mario Alberto Gómez, se va a afincar a Hermosillo, Sonora, donde se casa, trabaja como burócrata y publica su poemario En el país del ensueño (1907). Es un ferviente anti maderista y cuando la revolución triunfa se queda solo en un medio político hostil. Enfermo, muere en 1912 de tuberculosis, a los 30 años de edad. Hoy podemos apreciar que las aportaciones de Pedro N. Ulloa van a definir una nueva manera de hacer periodismo y literatura en Baja California: moderna, siempre al día, llena de proyectos culturales y artísticos para el bien de toda la sociedad.

Comentarios