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Columnas Águilas y serpientes

Ojo por ojo, todos ciegos   

Entre las crisis que todos tenemos, los problemas sociales, los resentimientos políticos, y la cuarentena de meses que todos sufrimos, la sociedad en general y cada individuo en lo particular... 

Por Rafael Liceaga

Entre las crisis que todos tenemos, los problemas sociales, los resentimientos políticos, y la cuarentena de meses que todos sufrimos, la sociedad en general y cada individuo en lo particular, estamos viviendo cosas que no habíamos experimentado nunca, entre ellas el malestar por tener todo encima. Malestar que nos ha cambiado el ánimo. Algunos están más sensibles que otros, y es algo que debemos de tomar en cuenta para la sana convivencia.

Poniendo lo anterior como primer antecedente para lo que comentaré y, como segundo, declarando mi casi total solidaridad con los movimientos feministas; la gente que ha sido mancillada, ofendida o violada; y todas las personas que de algún modo tienen algo de que quejarse, procedo a hablar de situaciones que merecen una reflexión especial.

A principios de semana, como es normal cada año, el Ejército mexicano tomó posesión del Zócalo capitalino, los edificios de su alrededor y las calles aledañas. Esto por seguridad para los eventos del Grito de Independencia y el Desfile Militar. Entre esos edificios se encuentra la Catedral Metropolitana. Y en una acción casi terrorista, el periodista Pedro Ferriz, informó que el “Ejército había tomado la Catedral Metropolitana”. Imagínese usted el escándalo que armó su irresponsabilidad. La reacción no se hizo esperar, y en cuestión de minutos, las redes fueron invadidas con comentarios de indignación. Tuvo que salir el vocero del Episcopado a aclarar que eso era algo normal y que la gente se calmara. Esto es un ejemplo de la crispación que existe entre sociedad y gobierno, alimentada por la mala fe de algunos, que creó un pánico inmerecido. Gracias a Dios, al día siguiente ya estaba todo aclarado.

Otra cosa que mostró el enfado popular fue la rifa del avión presidencial, que en realidad no rifaban el avión. Entre las posturas de unos y las de otros, igualmente las redes se llenaron de comentarios de todos los indignados por dicha rifa. Por comentar un servidor que ojalá y esas manifestaciones contrarias se hubieran hecho también cuando se compró, me llovieron comentarios tan tontos como ofensivos. El poner lo que puse no quiere decir que este mal que ahora si se manifiesten. Qué bueno que por lo menos ahora lo hacen. Pero, en fin. Me faltó sensibilidad para los sensibles.

Y por último caso, se presentó la pintarrajeada del Centro Cultural Tijuana, de manos de unas manifestantes feministas. A los que pusimos que eso no era correcto, igualmente nos llovieron hasta mentadas de madre. El manifestar que esas acciones eran incorrectas, no quiere decir que las violaciones y violencia contra las mujeres sean correctas. Desde luego que no. Atentar contra las damas es un crimen imperdonable. Pero los que todo lo tergiversan, descalificaron a los que decimos que hay formas de hacerse oír, y no todas son beligerantes. Si actuamos de ojo por ojo, todos acabaremos ciegos.

En fin, todos andamos sensibles, y de eso se están aprovechando muchos, infortunadamente, deteriorando la cohesión social.     

*El autor es consultor en participación ciudadana, desarrollo social y cultura de la legalidad.

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