Columnas Ecoanálisis

Números rojos

En materia de contabilidad, el color rojo en los números significa déficit. En pocas palabras y ejemplificada en la economía doméstica, se gasta más de lo que se gana.

Por Alberto Tapia

En materia de contabilidad, el color rojo en los números significa déficit. En pocas palabras y ejemplificada en la economía doméstica, se gasta más de lo que se gana.

Y los números rojos llevan a la quiebra lo mismo a una casa, que a una empresa. No podemos vivir de prestado o de lo ajeno, de lo que no se tiene. Al inicio de la década de los años setenta, conocí datos en los que antes no había meditado: el agotamiento de los recursos naturales, renovables y no. Recordé la propuesta de Malthus quien decía que mientras la humanidad se multiplica geométricamente, la producción de alimentos se multiplicaba aritméticamente.


Más tarde, en discusiones académicas, me sorprendieron mis colegas que opinaban que la Teoría de Malthus ya estaba superada, que la humanidad no era demasiada, sino que la riqueza estaba mal distribuida. Callé sin convencerme. Yo traía vivo en mi espíritu el pensamiento de Raquel Carson, valiente dama que denunció en su libro “Silent Spring” a las grandes trasnacionales fabricantes de agroquímicos por estar envenenando los mares con sus fórmulas creadas para incrementar la producción de alimentos.


Carson sacudió al Mundo y lo forzó a pensar en el asunto. En 1972 científicos de varios países se reunieron en Roma para establecer los límites del crecimiento. Ese mismo año en Estocolmo se acordó educar para comprender el Mundo. Aquí subyace la semilla de la educación ambiental y en 1977 en Tbilisi, se reconoce la urgente necesidad de fortalecer esta estrategia. Luego vino en 1980 la propuesta sobre el desarrollo sostenible, el Informe Bruntland en 1987, Cuidemos la Tierra en 1990 que exponía que como en la economía, la sustentabilidad podía ser posible si nos comiéramos sólo los huevos, nunca las gallinas, para ponerlo claro. Río + 10 = Johannesburgo y las reuniones cumbres que han seguido para las que no tengo espacio.


Lo que intento decir aquí es que adquirimos conciencia sobre población y alimentos desde los tiempos de Thomas Roberts Malthus, siglo XIX, y lo juzgamos alarmista. El desarrollo del pensamiento en este tema puso en claro que el Planeta Tierra tiene una capacidad de carga finita, y lo utilizamos como si esta fuese infinita. Los países más sensibles como Alemania redujeron su natalidad a CERO. Consecuencia: su cultura está en peligro de extinción y será suplida por una musulmana o mescla de otras.


El pasado 29 de julio pasará a ser histórico, llegamos al sobre giro de la Tierra, es decir, en esa fecha consumimos todos los recursos naturales disponibles para todo el 2019. Al siguiente día ya estábamos en números rojos, se acabaron los huevos y estamos comiéndonos a las gallinas. Nos acabamos las naranjas y estamos haciendo leña de los naranjos. El futuro cualquiera puede predecirlo ahora sin ser adivino. Pero a cambio, existe una economía mundial fuerte en su conjunto. El resultado, el 2% de los humanos son dueños del 98% de la riqueza, puntos más o menos. La humanidad ha seguido, hasta ahora, el camino equivocado.

*- El autor es investigador ambiental independiente.

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