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Columnas Educación

¿Nos va mejor en México?

Solo las familias que han sufrido una o más fatalidades pueden, con seguridad, definir el estado de violencia que estamos sufriendo en nuestros hogares.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.
Solo las familias que han sufrido una o más fatalidades pueden, con seguridad, definir el estado de violencia que estamos sufriendo en nuestros hogares. Es probable que aún exista un poblado o localidad que no haya sido objeto de ejecuciones por parte del crimen organizado. Pero, sí existe, ésta debe de ser una situación que se define por la baja posibilidad que tiene de ser aprovechada para actividades criminales. Podría tener pocos habitantes, estar en una zona que no es atractiva para el cultivo y procesamiento de estupefacientes, que no sea frontera con el norte o el sur del país, que no tenga las características necesarias para el trasiego de enervantes, y otras muchas más peculiaridades. Pero lo que también se puede asegurar es que cada día son más las poblaciones que sufren de la violencia criminal. No obstante, no somos los únicos que padecemos este flagelo.

Centro y Sudamérica sobrellevan las mismas condiciones de inseguridad y pérdida de vidas. Siendo productores, distribuidores, consumidores y pasajes por los cuales se trasiega, los espacios adquieren una relevancia importante y se convierten en propiedad real, excepto por carecer de documentos formales, de grupos delincuenciales que se las apropian para sus negocios. En la toma y daca y los jaloneos propios de quién necesita tener la movilidad suficiente y necesaria para el mercado de las drogas, las ciudades son peleadas hasta las últimas consecuencias,

sin importar los medios ni quién resulta afectado. Ese es el verdadero motivo de las agresiones y de los asesinatos indiscriminados. Si los grupos delincuenciales son intransigentes y no tienen forma de negociar entre ellos, buscando un resquicio para la paz, porque no pueden ceder en nada, entonces alguien debe asumir esa responsabilidad. Por eso, pero también por otras cuestiones, se está iniciando la legalización de las drogas.

Mientras con nosotros las motivaciones para que se incrementen los asesinatos casi indiscriminados son las relacionadas al narco, en otros países, como los Estados Unidos, la violencia obedece a causas diferentes y tiene un impacto negativo vigoroso entre la población. A partir del 16 de marzo hasta este día, al menos han ocurrido 45 tiroteos masivos en edificios públicos o privados como comercios. Un tiroteo masivo es considerado como tal, cuando al menos cuatro personas han recibido heridas de bala o han fallecido en este acto criminal. Según la cadena noticiosa CNN y el Archivo de Violencia con Armas de USA, después de la muerte de 8 personas en tres gimnasios (SPAs) el conteo se incrementó y, las motivaciones para tales atentados no son precisamente por drogas. En estos eventos fatales aparece la figura del racismo que está dirigida hacia las minorías étnicas. En estos sucesos el ataque es indiscriminado y no se detiene ante ninguna situación. Las balas pueden hacer blanco en niños, adultos y ancianos. Sin que nada lo impida. Así están las cosas, y es el portador de armas y son sus intereses personales o de grupo, lo que está definiendo el rumbo violento del presente. Algo debemos intentar para defendernos los que solo somos las víctimas. Vale.

* El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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