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No todo está perdido

Los partidos de la oposición en México demostraron antier en el Senado que todavía pueden hacer un frente ante el vasallaje de Morena y las presiones que ejerce abiertamente el presidente Andrés Manuel López Obrador contra ellos. Al no contar con los votos suficientes, Morena tuvo que recular y enviar la propuesta de nuevo a comisiones, evitando una derrota más vergonzosa.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Los partidos de la oposición en México demostraron antier en el Senado que todavía pueden hacer un frente ante el vasallaje de Morena y las presiones que ejerce abiertamente el presidente Andrés Manuel López Obrador contra ellos. Al no contar con los votos suficientes, Morena tuvo que recular y enviar la propuesta de nuevo a comisiones, evitando una derrota más vergonzosa.

Aunque no se quiera ver así, fue claramente un triunfo de la oposición y un revés para AMLO y su propuesta de militarizar la seguridad pública. Fue un triunfo después de ver lo que había sucedido unas semanas antes en la Cámara de Diputados, en donde el “PRI de Alito” se doblegó y le entregó los votos de este partido a Morena.

Es un triunfo también porque demuestra que la idea de la militarización, que paradójicamente promueve con singular emoción el mismo López Obrador, no cuenta con el consenso de las fuerzas políticas, como se quiere hacer creer desde la esfera del gobierno.

Es obvio que el tema no está cerrado y que el presidente va a volver a presentar la propuesta para su votación, como lo dijo ya en la mañanera. Lo hará seguramente cuando hayan podido “convencer” a los nueve legisladores de otros partidos de votar a favor de su propuesta, como ya lo hicieron con el senador panista de Yucatán.

Todo esto que sucede ahora en el Senado parece insignificante desde cierto punto de vista, pero no es así, pues ahí se están jugando muchas cosas de enorme importancia para el país. No sólo está en juego la militarización, sino la posibilidad de que los partidos de la oposición puedan constituir una alianza electoral para competir por la presidencia en 2024.

Está en juego la posibilidad de que si hay alianza ésta incluya al PRI (como ha venido operando hasta ahora), o haya una alianza sin este partido, como resultado del corrupto papel que ha tenido “Alito” en la entrega de votos a Morena. No está claro hasta ahora.

El PRI está viviendo, quizás, uno de sus peores momentos. Está profundamente dividido, confundido, derrotado y sin condiciones de poder ganar las elecciones que se acercan en Coahuila y el Estado de México. Es muy claro que si el PRI compite sin alianza en esas entidades (con el PAN, el PRD y otros), no tiene ninguna posibilidad de ganar.

No hace falta recordarlo, pero el PRI, entre muchos de sus componentes hay uno que lo define y lo ha definido siempre: el pragmatismo. Para un priista pragmático es mejor el futuro político si ahora se va a Morena que si se queda en su viejo partido. Es lo que han hecho muchos de ellos con el movimiento de AMLO y es lo que harán muchos más todavía.

Hay muchos priistas que no apuestan por un “cambio de régimen”, sino más bien por un régimen igual que el anterior, que es lo que está haciendo el gobierno de Morena y López Obrador en particular. Hay muchos que piensan así, pero –hay que reconocerlo- existe ahora una corriente de priistas que no está dispuesta a dejar que AMLO reoriente a su partido, como está sucediendo ahora.

Esta corriente está sobre todo en el Senado, pero no son una fuerza compacta. Hay diferencias entre ellos, como si no fuera suficiente que el gobierno de López Obrador ha mostrado hasta ahora con enorme claridad que su enfoque de gobierno es regresivo (política y democráticamente) y pasa por la destrucción del mismo PRI.

Si la oposición tuviera claro todo esto, sería más fácil avanzar. Pero no lo tiene. Nuestra clase política está hecha en viejos moldes, sin tradiciones democráticas, con arraigo del caudillismo, el golpe bajo y los arreglos políticos por debajo de la mesa. AMLO es un maestro de esta escuela, y ahora les da cátedra a los demás desde el poder.

Él es el pilar de una vieja y antidemocrática forma de hacer política en México, como lo estamos viendo ampliamente con las negociaciones que hace el secretario de Gobernación (como lo hacía antes), con la forma en que doblan a los opositores, extorsionándolos o comprándolos a todos. Todo es sucio bajo el gobierno de Morena.

Los partidos de oposición no logran salir de este círculo de hierro. Un día avanzan, luego retroceden y se dividen. No tienen lucidez. Caminan sobre arenas movedizas. No son capaces de ofrecer una alternativa sólida ante la amenaza y el peligro que representa un gobierno autoritario y militarista como el de AMLO.

También les pesa su cultura política, lo mismo que a amplias franjas de la sociedad, lo que explica que un proyecto como el de Morena pueda abrirse paso. Sin embargo, no todo está perdido.

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