No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Ni fifí ni chairo, soy mexicano

Vivimos en una época hostil, en donde mucha gente pierde la objetividad, la sensibilidad y hasta la razón, por pasiones incontrolables, que les deterioran su objetividad y les incrementan la hostilidad hacia los demás por cuestiones políticas.

Por Rafael Liceaga

Vivimos en una época hostil, en donde mucha gente pierde la objetividad, la sensibilidad y hasta la razón, por pasiones incontrolables, que les deterioran su objetividad y les incrementan la hostilidad hacia los demás por cuestiones políticas. Yo puedo escribir y opinar lo que quiera, y es normal que unos estén de acuerdo y otros no; es parte de la diversidad en la convivencia. Por eso, si uno esta de acuerdo con la opinión de otro, debe de alegrarse. Si uno no lo está, pues no. Lo que no es natural, es que, por diferencias políticas, uno se mortifique o mortifique a otros; se ofenda u ofenda. La tolerancia es la base de la cohesión social y de la civilización. Sin tolerancia no puede haber sociedad.

Y las diferencias incontrolables e intolerables, se presentan no por las formas de querer gobernar o administrar, que siempre será buena esa diversidad; sino por la ambición de poder que conlleva llegar a obtener puestos de elección popular, o de estar cercanos a ellos, para servirse y no para servir. Se gobierna para acomodar la justicia, no para aplicarla. Además, en nuestro país, otra realidad es que cada cual quiere imponer su visión a los demás. Lo vemos ahora en las redes sociales, los dimes y diretes que se hacen, solo porque alguien piensa distinto a otro, y no hay forma de conciliar.

Con mis editoriales en televisión, prensa, radio y redes sociales, tengo seguidores y detractores. Nada fuera de lo normal. A los que no les gusta mi opinión son muy generosos y pocas veces comentan. Pero de entre todos esos, hay unos que más que detractores, se asumen como enemigos (Yo no vivo para hacer enemigos. Ellos se hacen solitos y luego me echan la culpa del proceso). El politizar o fanatizar las cosas, solo es signo de personalidades poco serenas y sobrias. Pierden el piso y prestos están a llevar la contra, o acusar de ser de tal o cual partido, según vayan dirigidos los comentarios. Los perversos hasta calumniarán. exagerarán o mentirán.

La verdad es que soy apartidista y me tiene sin cuidado lo que piensen los apasionados. Lo que si no tengo, es la necesidad de aguantar que digan mentiras o hagan suposiciones, sin usar ni su integridad, ni la verdad. Tengo cercanía con todo aquel ser que supongo de buena voluntad, porque ese es mi estilo de vida. Y me acerco a todos los que ya gobiernan, porque independientemente del partido que sean, están administrando mi comunidad, lo que me afecta a mí, a mi familia y a mis allegados. Sería una infamia, servir solo a mi ciudad, si la gobiernan mis preferidos, exactamente como lo hacen los interesados.

Así es que para los términos que usan los clasistas, les recalco que no soy fifí ni chairo, soy mexicano. Pero si no lo quieren creer, también me tiene sin cuidado. ¡Sean felices!

*El autor es consultor en participación ciudadana, desarrollo social y cultura de la legalidad.

Comentarios