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Sueños de plata

Nadie/Director: Ilya Naishuller

En 2015, aparentemente salido de la nada, pero con el respaldo del reconocido Timur Bekmanbetov (Guardianes de la Noche, Wanted) como productor, el director ruso, Ilya Naishuller sorprendió... 

Por Manuel Ríos Sarabia

En 2015, aparentemente salido de la nada, pero con el respaldo del reconocido Timur Bekmanbetov (Guardianes de la Noche, Wanted) como productor, el director ruso, Ilya Naishuller sorprendió con su largometraje debut, Hardcore Henry (Hardcore: Misión Extrema), el cual era básicamente una  interpretación de los video juegos de primera persona al cine, en una imparable y frenética cinta, impresionantemente, escrita, dirigida y protagonizada por el mismo hombre.

Seis años después, Naishuller regresa con la ayuda de un improbable héroe de acción, el comediante Bob Odenkirk (Breaking Bad, Better Call Saul) para demostrar que el género de acción aún tiene vida, más allá de los cansados refritos de Liam Neeson y John Wick.

Nadie es la historia de Hutch Mansell (Odenkirk), un hombre común y corriente, cuya tranquila vida en los suburbios transcurre monótona y repetitivamente, como lo establece el excelente montaje inicial. Hutch es sólo un empleado de oficina más en la  fábrica de su suegro, con una esposa económicamente exitosa y un par de hijos no muy impresionados por sus logros de su padre.

Casi se podría decir que es un mediocre don nadie, sólo un grado por encima de un perdedor.

Una noche, un par de ladrones irrumpen en su casa para robar lo posible, Hutch intenta confrontarlos sin gran éxito y éstos escapan ante la decepción de su hijo.

No es hasta el día siguiente, cuando su pequeña hija, buscando su brazalete de gatito, le pregunta a su padre si se lo habrán llevado los ladrones, que algo hace click en el cerebro Hutch impulsándolo a actuar al respecto. Era justo ese pequeño detonador el que había estado esperando durante años para despertarse de su letargo autoimpuesto.

Visitando a su padre (un excelente Christopher Lloyd) en el asilo, se revela que Hutch no es el aburrido hombre que aparenta ser, y tras una búsqueda rápida por la ciudad, localiza a los bandidos en cuestión; pero decepcionado ante lo que encuentra decide retornar a casa, aún más frustrado que antes. Durante su trayecto de regreso, en autobús, la película comienza oficialmente. Toda la trama pende de este suceso. Estar en el lugar equivocado correcto, en el momento equivocado correcto.

En una contenida y perfectamente ejecutada secuencia dentro del autobús, Naishuller establece sus intenciones y las deja perfectamente claras. Esta no es una película más de acción y venganza, es algo mejor y sobretodo mucho más divertido. Encima, el fondo musical, “I’ve gotta be me” de Sammy Davis Jr., no es sólo de una forma irónica de contraponer lo que sucede durante la secuencia, se trata de extrapolación de lo que pasa por la mente de Hutch, e indudablemente por la del guionista Derek Kolstad, quien parece querer escapar de la solemnidad de sus John Wicks, para ser el mismo, utilizando a Hutch como su avatar.

Naishuller demuestra tener mejor dominio tanto del estilo cinematográfico como de la coreografía de acción, que cualquiera de sus colegas, pero más importante, no se lo toma para nada en serio.

* El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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