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NOP! Dir. Jordan Peele

Un chimpancé ensangrentado deambula el set de un programa cómico de los noventa, las piernas de un cuerpo inconsciente se asoman detrás de un sofá. Por un instante el primate observa directamente a la cámara. Corte a negro. 

Por Manuel Ríos Sarabia

Un chimpancé ensangrentado deambula el set de un programa cómico de los noventa, las piernas de un cuerpo inconsciente se asoman detrás de un sofá. Por un instante el primate observa directamente a la cámara. Corte a negro. 

Una bucólica escena presenta a O.J. (Daniel Kaluuya) en el rancho de su familia, cuidando y alimentando caballos desde la madrugada. Su padre adiestra a uno antes de montarlo. Repentinamente una serie de objetos comienzan a caer del cielo. Otis padre se desploma de su caballo. 

Después de está enigmática introducción los créditos aparecen en pantalla, frente a un extraño abismo rectangular, rodeado de fibrosos materiales, similares a cortinas órganicas, el centro se convierte en una pantalla, sobre la cual se proyecta la primer imagen en movimiento conocida (fotografiada por Eadward Muybridge en 1878), el caballo en movimiento. 

Dos claves esenciales de la cinta han sido expuestas ante el espectador y se ha establecido la inquietante naturaleza de la historia.

Peele trabaja en homenaje directo. Se inclina principalmente ante tres grandes, Hitchcock, Kubrick y Spielberg. La forma en que establece el suspenso es totalmente hitchcockiana, esparciendo información poco a poco, para que el espectador la ensamble, al tiempo que logra transmitirle una incómoda sensación de pavor. 

La estructura narrativa, por otro lado, es totalmente spielbergiana, como si fuese armada con partes de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, (aparentemente sin rumbo), y de Tiburón (con una definida trama que a su vez homenajeaba a Hitchcock). 

Ante la muerte de su padre, O.J. y su hermana, quedan a cargo del rancho Haywood, un negocio que según su leyenda tiene viejas raíces, siendo ellos descendientes de ese primer jinete/actor/doble que cabalgaba sobre el caballo de Muybridge. 

Lo cual conduce a la verdadera intención de Peele, hablar acerca de la imagen, su evolución, explotación y degradación, esencialmente sobre el poder del cine y la supremacía de las imágenes filmadas sobre todas las demás versiones, magnéticas y digitales. 

Para probar su punto Peele hace uso de todas las técnicas de los maestros, utilizando sus herramientas, y filmando en película (formato IMAX) hermosas vistas de montes californianos, caballos y modernos vaqueros. Fotografiado magníficamente por Hoyte van Hoytema, quien aprovecha impecablemente el formato, haciendo indispensable su visionado en pantalla grande.

 Para descifrar qué merodea siniestramente el cielo del rancho Haywood, los hermanos intentan grabar con un sistema de cámaras digitales, el resultado les podría dar fama y fortuna; sin embargo, sólo a traves de la intervención de un legendario director de fotografía, y su cámara a manivela, será posible capturar, en película, lo desconocido. 

Realizar la toma imposible. El fotógrafo, Antlers Host (Michael Wincott) es un claro análogo de Quint/Ahab, buscando vencer a la elusiva bestia. Con su ayuda, los hermanos Haywood libran la batalla contra aquello que devora, a morbosos espectadores y avaros empresarios, por igual.

 Peele tiene cuidado de no hacer del villano otro hombre blanco, ahora se trata de una víctima más de la explotación de imágenes, un niño actor que sobrevivió la tragedia del chimpancé frenético y trata de compensar su trauma convirtiéndose en explotador, de sí mismo y de los demás. La tragedia ata todo y hace refencia a 2001 de Kubrick.

La evolución del hombre y la inherente violencia en ese salto. En su tercer acto, la cinta se convierte en un western y casi en una réplica de Tiburón. 

La obra de Peele es muchas películas a la vez, thriller, ciencia ficción, terror, western; una oda al cine y a la potencia de la imagen capturada en celuloide, como la única imagen válida. 

Advirtiendo a la vez del peligro que se esconde detrás de las cámaras y sus deslumbrantes luces. Las fauces de la bestia son simultáneamente obturador y pantalla, y paradójicamente, cuando sucumbe, es capturada por una imagen fotográfica.

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