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Columnas Sueños de plata

Mujercitas / Jojo Rabbit Dir. Greta Gerwig / Taika Waititi

Adaptando la novela clásica, de 150 años de antigüedad, de Louisa May Alcott, Greta Gerwig se toma las libertades necesarias para hacer de ella una película relevante a nuestros tiempos.

Por Manuel Ríos Sarabia

Adaptando la novela clásica, de 150 años de antigüedad, de Louisa May Alcott, Greta Gerwig se toma las libertades necesarias para hacer de ella una película relevante a nuestros tiempos.

Remezclando la narrativa temporal, saltando constantemente entre la infancia/adolescencia de las hermanas March, y su edad adulta, Gerwig inicia la cinta con Jo March (Saorsie Ronan), la protagonista de la novela y alter ego de la misma Alcott tratando de vender sus escritos a un editor. Esta primera secuencia y su desenlace con Jo corriendo por las calles de Nueva York después de haber logrado su primera venta literaria, recuerda, tanto a Frances Ha (coescrita y protagonizada por Gerwig), como perfectamente podría ser el inicio de una secuela de Ladybird, misma protagonista, mismas aspiraciones artísticas, misma guionista/directora. Estas dos auto referencias establecen claramente el vínculo metatextual que Gerwig crea entre Jo/Louisa May Alcott (existente desde la novela) y ella misma.

Lo anterior es sin duda uno de los factores fundamentales que hace de esta séptima versión cinematográfica de la obra de Alcott una de las mejores adaptaciones existentes. La forma en que Gerwig se apropia del material, sin cambiar su esencia, y respetando el texto original, pero reconfigurándolo para imbuir mayor fuerza a su significado original, es la clave.

Las intenciones de Alcott y sus ataques a una sociedad en que las mujeres no tenían muchos derechos ni opciones económicas, más allá de casarse con hombres de dinero, 150 años después, y posteriormente a todos los aparentes logros del feminismo, siguen sintiéndose tristemente actuales en pleno siglo XXI, dentro de una cultura capitalista en que el matrimonio sigue fungiendo como “una propuesta económica”.

Alcott hablaba de una sociedad donde no había forma de que una mujer se ganara la vida o hiciera dinero y de las aspiraciones artísticas femeninas que no tenían futuro, ilustradas a través de los intereses de Jo y su hermana menor Amy.

Es precisamente el personaje de Amy, interpretado espléndidamente por Florence Pugh, el que es rescatado de ser la hermana más odiada en todas las versiones previas a prácticamente robarle el protagonismo a la misma Jo. Pugh crea un personaje redondo y substancial, al cual Gerwig con su acrobacia narrativa le brinda el mejor arco y crecimiento personal.

La obra de Alcott y sus múltiples adaptaciones, descartadas durante los años como un texto banal para niñas, es rescatada por Gerwig quien presenta la versión definitiva y le regala a la autora el final que definitivamente ella misma hubiese querido publicar en 1869.

Como Mujercitas, JoJo Rabbit del neozelandés Taika Waititi, se encuentra dentro de la terna de la Academia a mejor película del año.

Adaptando el libro Caging Skies de Christine Leunens, Waititi  aborda el tema de la Segunda Guerra Mundial a manera de sátira, tal como lo hicieron previamente Ernst Lubitsch, Mel Brooks y Quentin Tarantino (Ser o no ser 1942, Los Productores 1967, Bastardos sin Gloria 2009), sin embargo el efecto puede ser muy distinto en el espectador debido a los estridentes cambios de tono utilizados.

La mezcla que utiliza Waititi entre el humor demencial y el sentimentalismo (tan característica de su cine) para presentar el relato de un niño de diez años que es parte del Jungvolk (Niños de las Juventudes Hitlerianas), la hace inmediatamente superior a la cinta de Benigni, La vida es bella (1997), que utilizó el mismo tema para crear una cinta de explotación emocional (llevándose el Óscar como resultado).

Jojo Rabbit es indudablemente reflejo y crítica del ambiente político estadounidense y global que está tomando de nueva cuenta una peligrosa dirección hacia la extrema derecha a través del uso de la propaganda y la mentira para manipular naciones enteras.

El fanatismo, en el caso de Jojo (Roman Griffin Davis) es explicable. Un niño que quiere pertenecer a un grupo y “jugar” a la guerra bajo los preceptos inculcados por el Nacional Socialismo. Lo que es inconcebible es la actual caída cultural en el mismo engaño generado por la técnica hitleriana: satanización de “enemigos”, comunidad unida, pureza de raza. La ignorancia azorada por el miedo resulta en odio.

Lo que propone Waititi, detrás de su bufonería, se basa en la comprensión y el conocimiento mutuo para acabar con el odio. Aderezado generosamente de humor.

“El amor es lo más poderoso del mundo”.

* El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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