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Columnas Postigo

Morena: Máscara Vs Máscara

Como tema rutinario a lo común y corriente a lo sucedido dentro y fuera de Morena.

Por Antonio Medina de Anda

Como tema rutinario a lo común y corriente a lo sucedido dentro y fuera de Morena; esta vez bastó mudar la mesa directiva del Senado para apreciar por qué al primer campanazo el cuadrilátero fue asaltado: En esta esquina los rudos, en la otra los igual de rudos enfrentados en lucha campal de máscara vs máscara tratando de redimir, no diferencias políticas o de estrategia legislativa en amparo del pueblo, sino de apuntalamiento en procura de ver qué tribu logra hoy mayor posicionamiento burocrático para mañana (control del aparato, candidaturas, recursos, alianzas e influencias) sin excluir, faltaba más, el ansiado y remoto relevo presidencial.

En la lucha campal tal se dijo, no se disputa el antifaz contra la cabellera pues en cosa de arrastrar la greña ninguna tijera poda, en cambio, arrancar la careta y arrojarla sobre la lona presupone identificar, dejar al descubierto el rostro real o imaginario infiltrado, tramposo o golpista del cabecilla (en este caso Martí Batres o Ricardo Monreal) quienes entre piquetes de ojos y patadas voladoras se acusan, cada cual de su lado, de haber jugado sucio: Viejo, gastado parloteo priista de usos y costumbres detestables pero tesoneramente recreados en Morena desde que debutó, desarrolló y desembocó en PRIMOR.

Metamorfosis partidista que a no pocos creyentes del partido-movimiento enfurecen o sorprenden las maneras de querellarse notables líderes que codiciosos, por arriba de todo, dejan de lado el equipaje de significados democráticos, éticos o de fundamentos opositores nada distanciados de la partidocracia harto padecida que hace, del oficio político, un torbellino ceñido a la grilla y la descalificación donde la transparencia, convocatorias y resolutivos jamás pueden vetar afanes electoreros individuales o grupales no importa, por ejemplo, el aterciopelado manuscrito donde yace los principios de ser y pensar partidista-militante.

Cierto que la política como cualquier credo religioso quien la ejerce no por fuerza a de profesar las “buenas costumbres”, y menos,  “colocar el otro cachete” por cada bofetada recibida, al revés, las contradicciones cuando no se consensúan por medio de la crítica y autocrítica dejan de responder al interés colectivo para, en su lugar, desviarse hacia conveniencias particulares capaces de amedrentar, traicionar y provocar verdaderos estados de crisis que de tanto estirar la cuerda terminan ahorcando a Tirios y Troyanos: Con sus excepciones el ocaso moral de los partidos políticos en México reposa en la riña, el ajuste de cuentas y la división intestina.

No es novedad, tal se afirma al principio de esta columna, que Morena materialmente en todo el país resienta la sintomatología que tanto ha denigrado el quehacer y la participación ciudadana. De hecho, el hartazgo llevó al pantano el mapa de los partidos en las elecciones federales del año pasado como respuesta a la abstención y repudio a  candidaturas impuestas, pactos denigrantes, alianzas innombrables y, en fin, el fracaso evidente de conductas corruptas y al despilfarro de recursos públicos en placer de verdaderas pandillas más, y más, alejadas de la sociedad.

Morena viene de aquellos polvos… 

* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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