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Columnas Casillero

México, en medio del grave problema migratorio

“No puedes esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas.”

Marie Curie

Por Ignacio Calderón Tena

“No puedes esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas.”

Marie Curie

En nuestro país hemos tenido a lo largo de los tiempos, innumerables muestras de racismo desde hace siglos. Antes de la conquista española, los aztecas ya consideraban inferiores a aquellos pueblos que eran sus vasallos. Era común que los esclavizaran y que tomaran a los jóvenes y mujeres de sus enemigos para sacrificarlos en las ofrendas a sus dioses e incluso para comer su carne, según sabemos de las crónicas de aquellos tiempos.

Durante el periodo de la conquista y posteriormente en la época colonial, los españoles impusieron prácticas discriminatorias a través del sistema de castas y entre ellos mismos distinguieron derechos y beneficios mayores para los peninsulares que para los criollos. De ahí para abajo, los diversos grupos raciales resultantes del mestizaje tenían, según fuera su origen, menores derechos y consideración social.

Los puestos en gobierno estaban reservados solo para aquellos de origen ibérico. De ahí que el mestizaje surgió como un vehículo que favoreció el racismo, pues en vez de la segregación racial como la que ocurrió en Sudáfrica y en la Alemania nazi, en México la mezcla étnica fue vista como una forma de escalar o de descender desde el punto de vista social.

La evolución social de México, las enormes diferencias económicas y la absurda desproporción en la distribución de la riqueza han ahondado los resentimientos y las divisiones.

Sin embargo, el tema cobra particular importancia ahora, por el hecho de que el gobierno norteamericano ha pretendido, en las últimas semanas, que detengamos la ola migratoria que amenaza con salirse de control en las garitas de acceso a los Estados Unidos y han visto como una solución, que nos convirtamos en soldados que detengan a los miles de migrantes de buscan asilo en su país.

El asunto tiene una serie de implicaciones, desde el hecho de que los migrantes usan nuestro territorio solo de paso, dejando muchas veces en el camino, una estela de impunidad y violencia, en lugar de sujetarse a nuestras leyes. Por otro lado, utilizan nuestras ciudades fronterizas, convirtiéndolas en territorio campal frente a la desesperación por cumplir el sueño americano. Las ciudades fronterizas, como Tijuana, no contamos con las instalaciones y sobre todo, con los recursos para hacer frente a los miles de migrantes que vienen a estas latitudes y que tienen que esperar incluso meses a que el gobierno norteamericano resuelva su solicitud de asilo.

En los últimos tiempos hemos aprendido a ser generosos con los migrantes, creando una tradición de hospitalidad ante quienes llegan aquí por necesidad o emergencia. Así fue el caso de los “niños republicanos” que se vieron forzados a dejar España durante la Guerra Civil en la primera mitad del siglo XX. Lo mismo ocurrió con cientos de argentinos y chilenos que durante los años setenta salieron huyendo de las persecuciones de las dictaduras militares. México recibió también a muchos otros migrantes de países como Líbano y a muchos judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Frente a estas realidades, deberemos de estar muy pendientes de que nuestro gobierno federal aporte los recursos y la infraestructura necesaria para hacer frente a estos nuevos compromisos asumidos con el Presidente Trump.  

* El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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