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Columnas Mar de fondo

Los riesgos de una alternancia sin cambio

Como ha sucedido frecuentemente en los últimos tiempos, en estas elecciones en Baja California hay dos fuerzas políticas que tienen más posibilidades de ganar el gobierno del estado y algunas alcaldías.

Como ha sucedido frecuentemente en los últimos tiempos, en estas elecciones en Baja California hay dos fuerzas políticas que tienen más posibilidades de ganar el gobierno del estado y algunas alcaldías, pero que son absolutamente insatisfactorias y riesgosas para lademocracia y el bienestar general.

Desde hace tiempo en la entidad se fue formando un amplio consenso en torno a la necesidad de expulsar al PAN de los gobiernos, pero esta exigencia creció de manera exponencial durante la gestión del gobernador Francisco Vega de Lamadrid, cuyo desempeño ha sido el más opaco y gris de todos. Con su actuación fue socavando el poco prestigio que tuvieron los gobernadores anteriores y en poco tiempo abrió la posibilidad de poner fin a 30 larguísimos años de gobiernos panistas.

Sin embargo, la fuerza política que sustituiría al PAN, es decir el partido formado por Andrés Manuel López Obrador, es también profundamente insatisfactorio. Morena ganaría el gobierno no porque a lo largo de la campaña o durante los últimos meses se haya constituido en una alternativa ante los electores, que es una idea que se intenta promover por ese partido y sus candidatos, sino que lo haría porque, en esencia,  conserva a un votante que sigue “enganchado” a la esperanza que representa López Obrador.

Este matiz es fundamental para poder entender los procesos políticos en BC y para hacer proyecciones hacia el escenario que podría dibujarse en los próximos años. El punto es este: por más enojo y malestar contra el gobierno de “Kiko” Vega y algunos alcaldes panistas, principalmente entre sectores de clase media, en BC no se formó en realidad un movimiento “anti-panista” como sucedió, por ejemplo, en 1989 con el anti-priismo que surgió y produjo la alternancia.

La singularidad del posible triunfo de Morena en BC radicaría, entonces, no en una votación masiva y explícita contra el PAN, como se dice, sino que sería producto de un elector especifico cuya razón principal de su voto sería la de refrendar su apoyo a López Obrador, más que de un voto anti panista. De hecho, este aspecto fue el eje de la  campaña de Jaime Bonilla y del resto de los candidatos, cuyas campañas y discursos se dirigieron casi exclusivamente a este votante, es decir, el que tiene un vínculo con Amlo, ignorando al resto de los electores (a los que se dirigieron los otros partidos).

Si la decisión y la votación en estos comicios locales pasaran por un examen o por una evaluación de los candidatos y por lo que cada uno representa, es evidente que varios candidatos de Morena, especialmente Bonilla, serían rechazados en las urnas.

Porque en realidad su campaña y la de Morena en general fue una campaña a contra corriente, tanto por la mala fama con la que se presenta como por la de un partido que abrió la puerta a los personajes más oscuros y corruptos del priismo.

Es decir, el triunfo de una serie de personajes con fama de buscar el poder para hacer negocios, o de hacer alianzas con quien sea con tal de encaramarse en el gobierno, como ha sido el caso de Morena en esta campaña y de su candidato a gobernador principalmente, no sería el resultado de las simpatías y las adhesiones que ha  conseguido, sino producto de un votante que está anclado a la esperanza que representa López Obrador.

Es duro aceptarlo pero así es. Muchos electores en BC, incluidos sectores medios y con ciertos niveles educativos, no alcanzan a ver todavía la contradicción que significa que López Obrador tenga como bandera principal de su gobierno el combate a la corrupción y, al mismo tiempo, promueva o sostenga varias candidaturas que han sido profundamente cuestionadas por la sociedad, justamente por representar a la corrupción o porque persiguen intereses opuestos a los objetivos de Amlo.

El votante fiel e indeclinable de Amlo, que se sostiene pase lo que pase y haga lo que haga el presidente, no advierte (por lo menos por ahora) el peligro que representa que tras las siglas de Morena lleguen a los gobiernos personajes políticos con antecedentes de corrupción o actividades ilícitas. No le preocupa que lleguen a los gobiernos personajes déspotas, arbitrarios y prepotentes que manejarán los asuntos de la administración como si fueran parte de sus empresas.

Entonces, si la alternancia en BC se da en estos términos, si por una puerta sale el PAN   el panismo, y por otra entra una fuerza nueva pero infestada por personajes oscuros del priismo o por varios arribistas y oportunistas del panismo o de otros partidos sin principios y cuya divisa es vivir del erario público, pues entonces la alternancia y la salida del PAN del gobierno no traería ningún beneficio para los bajacalifornianos y  para la democracia en general. Si este escenario es el más factible, entonces está claro que no estamos frente a un gran cambio sino más bien ante un largo túnel del que no alcanzaremos a ver la luz en mucho tiempo. Hoy más que nunca, me gustaría equivocarme.

*El autor es analista político

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