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Columnas Tecleado

Los nuevos héroes mexicanos

Hoy no hablaré de los gobernantes, bueno un poquito, pero mejor quisiera decirles a todos los hombres y mujeres que están en alguna institución de salud...  

Por Cosme Collignon

Hoy no hablaré de los gobernantes, bueno un poquito, pero mejor quisiera decirles a todos los hombres y mujeres que están en alguna institución de salud y que siguen arriesgando su vida y la de su familia para atender a cientos de personas contagiadas de Covid-19.

Ciertamente, el pasado 16 de septiembre se entregaron reconocimientos a 58 médicos, médicas, lo que tengo que escribir, enfermeras y enfermeros que han luchado a brazo partido contra la pandemia para rescatar de ésta la vida de personas que enfermos llegaron hasta sus manos.

Muchos, miles, han perdido la batalla contra el coronavirus, a pesar de los esfuerzos que trabajadores de la salud hacen en horarios extendidos y sin descanso, porque para vestirse de forma que su cuerpo y rostro queden aislados de cualquier contagio lleva tiempo y prefieren sacrificarse antes que dejar de atender a los que ingresan con dificultades para respirar y altas temperaturas.

La noche del 15 de septiembre todos o más bien casi todos los mexicanos nos acomodamos para ver por televisión o internet el grito de independencia del presidente, Andrés Manuel López Obrador. Lo veíamos tan nervioso que a cada momento veía el reloj, como diciendo “no se les vaya a pasar la hora”. Claro que no señor Presidente, los militares son respetuosos con el tiempo, no como los políticos.

La escolta entró, portando la bandera nacional, sus pasos resonaban ante los salones vacíos, a diferencia de otros años que estaban llenos de invitados y gorrones, ahora fue una corneta de órdenes y la escolta. Entonces, López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller caminaron rumbo al balcón de Palacio Nacional, Beatriz se detiene unos metros mientras, conforme al protocolo, el Presidente saluda a la bandera y el militar inclina la bandera en señal de respeto al mandatario y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

El oficial, con su uniforme de gala y guantes blancos le entrega la bandera al Presidente quien da media vuelta y se dirige al balcón, acompañado únicamente por su esposa. Los invitados de antaño no fueron convocados, era el primer grito en pandemia.

López Obrador se aventó 20 vivas, hasta con Leona Vicario todo era normal, gritó 14 más, bueno hasta hizo la división entre el heroico pueblo de México y las comunidades indígenas, como si los segundos no fueran mexicanos, porque le faltaron los afromexicanos, las comunidades LGTBB, entre otras.

Esperaba que en vez de gritar un viva a la Fraternidad Universal, lo hubiera hecho por todos los trabajadores de la salud que se le rifan día a día, verdaderos héroes desconocidos y que muchos de ellos han perdido la vida, era el momento de nombrar a estos héroes, era la ocasión que los pondría a la altura de Hidalgo y Morelos. No escuché ese viva, tal vez porque al día siguiente les iban a entregar la medalla Miguel Hidalgo.

Hay que reconocer que, en Mexicali, el gobernador, Jaime Bonilla Valdez, sí hizo lo correcto, elevarlos a nivel de los héroes que nos dieron Patria y Libertad. Gritando a 200 invitados y a lo lejos mujeres que le decían misógino a Bonilla. En el balcón y sin cubrebocas estaban los invitados como Rita Fimbres, esposa del gobernador, la alcaldesa, Marina del Pilar Ávila Olmeda con su consorte quien iba sin traje y las mangas arremangadas y por supuesto Mario Escobedo Carignan, secretario de Economía Sustentable y Turismo. ¡Vivan los trabajadores de la salud que luchan contra el coronavirus!

* El autor es periodista independiente.

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