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Columnas El mundo me da vueltas

Lo mejor de la sociedad

Ante un gobierno rebasado, minimizado y peleándose hasta con su sombra, los mexicanos expresamos nuestra solidaridad de siempre.

Por Pepe Avelar

Ante un gobierno rebasado, minimizado y peleándose hasta con su sombra, los mexicanos expresamos nuestra solidaridad de siempre.

Me ha tocado vivir muchas tragedias naturales en la que la sociedad se auto organiza y apoya y si, los gobernantes ahí están y hacen lo que pueden, pero algo pasa que los ciudadanos, los grupos organizados, las empresas terminamos haciéndoles gran parte del trabajo.

Quizás sea nuestra propensión humana a proteger al desvalido o quizás sea la desesperación de ver o (peor aún) sentir que no se avanza, cuando salen todas las manifestaciones de apoyo que hemos visto en esta pandemia: colectas por doquier para apoyar en la compra y donación de medicamentos y equipo de protección; donación de equipos y materiales de apoyo para la correcta operación de hospitales, autoridades sanitarias y ambulancias; sanitización de espacios públicos por ciudadanos que se han organizado para limpiar de gérmenes, bacterias y virus los accesos de hospitales y lugares concurridos; entrega de despensas a grupos vulnerables que no tienen asegurado su sustento diario; organización social para emitir mensajes de concientización, de solidaridad, de apoyo psicológico a quien necesite; entre otras cosas igual de importantes.

No sé si sea la calidad de las personas con las que me relaciono, pero todos los días recibo propuestas, peticiones, súplicas por acercarnos a tal o cual idea. Que maravilloso.

Parece que esta tragedia que estamos viviendo despierta aún mas la conciencia social y espero que llegue el cambio definitivo en nuestra mentalidad de que nadie, ningún gobernante, ningún gobierno, ningún mesías o superman, va a resolvernos lo que podemos hacer por nosotros mismos.

Obviamente también tenemos el lado oscuro de la gente: quien no hace caso de las medidas sanitarias que se han dictado; quien sigue asesinando personas por problemas de drogas y otros; quien aún no cree en que esto esté sucediendo.

Nadie es dueño de la verdad ni todo es blanco o negro, por supuesto, pero cuantas cosas se descubren de las personas de las que nos rodeamos.

Se nota que esta circunstancia nos hace que actuemos distinto, claro está, pero me ha gustado mucho ver, por ejemplo que se compartan expresiones artísticas antes vetadas al público que tenía que pagar por verlas o escucharlas, hoy completamente gratis; me ha encantado ver cómo nos extrañamos y buscamos estar en contacto por medios digitales; estoy feliz de sentir el cariño de familia y amigos que estamos preocupados unos por otros.

Soy optimista y pienso que vamos a salir bien librados de esta situación, aún con la partida de gente muy querida, pero renovados con la seguridad de que vida solo hay una y hay que hacerla que valga la pena.

Ya resolveremos el problemón económico que se nos viene (en el consumo interno, el comercio internacional, el turismo y la recepción de remesas familiares y de inversión privada) y, por supuesto, ya ajustaremos cuentas con nuestros líderes que no han sabido serlo.

Mientras, enfoquémonos en hacer una autoevaluación de lo que somos y lo que tenemos, de lo importante y de lo urgente, de lo que vale la pena y de lo que no, tanto en nuestras personas como en nuestra relación con la sociedad. Ya veremos, muy pronto, espero, qué tanto aprendimos cuando termine esta situación.

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