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Columnas Mar de fondo

¿Linchar o enjuiciar a los expresidentes?

¿De verdad sí hay un interés por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador de enjuiciar a los expresidentes de México, desde Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón hasta Enrique Peña Nieto, o sólo se trata de un acto populista cuyo fin es eminentemente político?

Por Benedicto Ruíz Vargas

¿De verdad sí hay un interés por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador de enjuiciar a los expresidentes de México, desde Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón hasta Enrique Peña Nieto, o sólo se trata de un acto populista cuyo fin es eminentemente político?

Si realmente hubiera interés en investigar y luego juzgar a estos expresidentes, no habría necesidad de hacer ninguna consulta popular para preguntar si se lleva a cabo este procedimiento legal o no, como implica la pregunta formulada por AMLO. Es decir, es un poco absurdo preguntar a la gente: ¿Juzgamos a los expresidentes sí o no?

El gobierno de López Obrador, a través de la dependencia correspondiente, puede iniciar un procedimiento que podría llevar, siguiendo el debido proceso, a la cárcel o a otras penalidades contra los exmandatarios si es que hay pruebas contra ellos, para lo cual no es necesario hacer ninguna consulta popular.

Pero AMLO no quiere seguir este tortuoso y largo proceso que, incluso, podría llevar a que no se les pueda comprobar nada de lo que se les acusa, con la subsecuente frustración para él y para todos los que quieren mejor un espectáculo mediático.

Por eso, es mejor organizar un “juicio popular” contra los expresidentes, exhibirlos para que haya una condena de parte de la población, permitiendo que la rabia contra ellos emerja y se exprese en grandes torrentes de odio y resentimiento, en una catarsis colectiva que ayude a desfogar el coraje que tiene la gente contra los presidentes que hicieron daño al país.

Este sería un objetivo central de la consulta organizada o promovida desde la presidencia de AMLO, porque se cree desde esta perspectiva que esto forma parte de la “justicia popular”, además de ser una oportunidad para que el pueblo pueda sentir que sí es posible vengarse por el daño que han hecho los que han gobernado.

Pero no es el único objetivo, sobre todo en gobiernos populistas como este, para los que este tipo de actos (como la consulta) significan una especie de “purificación” de la vida política del país. Aunque no se consiga nada, lo que importa es que en esta nueva pedagogía el pueblo pueda tener una nueva esperanza de que sí es posible castigar a los “malos” en esta historia.

La consulta sería, en la perspectiva de AMLO, un castigo fulminante contra los neoliberales que impusieron un modelo económico extractivo, al tiempo que corrompía todo el sistema político que arrastramos hasta ahora. Habría, a partir de ahora, un tajo histórico, un antes y un después en la historia de México.

Es decir, en esta consulta no importa la efectividad jurídica o las medidas concretas para enjuiciar a los expresidentes, lo que importa son los efectos emocionales y políticos que puede producir, como los siguientes: a) es una acción que puede “empoderar” al pueblo contra sus enemigos o sus verdugos; b) cohesiona a los electores que votaron por la 4T y; c) crea las condiciones inmejorables para ganar ampliamente la elección de 2021.

Esta es la vía que ha elegido López Obrador para gobernar el país. No es a través de grandes proyectos de gobierno, de planes o programas de corto y mediano plazo la vía escogida, sino un conjunto de acciones que mantengan entusiasmado (y dividido) al pueblo alrededor de una transformación histórica.

Los grandes temas que preocupan al gobierno de AMLO no son los problemas que tienen, por ejemplo, los campesinos de la presa La Boquilla en Chihuahua, o el movimiento de las mujeres ante el papel que está haciendo la CNDH ante la violación a sus derechos, o ante las masacres y la violencia cotidiana, la pandemia, la crisis y el aumento de la pobreza como nunca se había visto.

No, AMLO está muy ocupado organizando la rifa del avión presidencial, la consulta contra los expresidentes, respondiéndole a los medios como el Reforma, librando una batalla contra los intelectuales, o guardando silencio ante los ataques de Donald Trump contra México.

Todo lo que no está en la agenda del presidente no importa, o es parte de una conspiración de sus enemigos, o están en contra de que se ayude a los pobres o se oponen a los grandes cambios que representa la 4T. Es decir, tenemos un gobierno encerrado en su círculo, un gobierno que consume mucho tiempo arengando al pueblo y descalificando a sus adversarios.

Dice una y otra vez: “No es mi fuerte la venganza…yo no odio”. Pero la realidad lo desmiente, porque es en realidad lo único que explica su vitalidad.

* El autor es analista político

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