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Columnas Águilas y serpientes

Líbranos del mal

En los últimos tiempos, hemos estado viviendo en sociedades en donde es mayor el egoísmo que la solidaridad; que es más importante el bienestar personal, que el colectivo.

Por Rafael Liceaga

En los últimos tiempos, hemos estado viviendo en sociedades en donde es mayor el egoísmo que la solidaridad; que es más importante el bienestar personal, que el colectivo. Lo vemos y palpamos en las comunidades en donde cada cual ve por sus intereses, en donde es difícil unir a las familias y a los vecinos, porque no se pueden poner de acuerdo. El resultado es que tenemos sociedades desarticuladas, en donde no cabe la espiritualidad y se acoplan muy bien las luchas de clases y el crimen organizado. En México los malos siguen haciendo de las suyas, nos desinforman a todos y nos aterrorizan.

¿Quiénes son los malos? Los corruptos, los impunes, los criminales, los narcotraficantes, y todos sus secuaces dentro y fuera del gobierno, que les hacen el caldo gordo. A estos, hay que sumarles las hordas de bobos que navegan en internet, escandalizándose de lo que les inventan; y que en lugar de hacer algo para arreglar las situaciones, se ponen a distribuir la propaganda falsa, ajena, exagerada y tergiversada, sin la responsabilidad de verificar si es cierta o no. La ignorancia y la mala fe, son otros de los factores que nos hacen mucho daño. Recordemos, y más hoy en Semana Santa, que tanto los pecados como los delitos y faltas, son de palabra, obra u omisión. Nadie queda libre de esta sentencia. Menos los que se hacen los tontos, que suman otra agravante a su escasa dignidad y deficiente formación cívica y moral.

Y, por si fuera poco, nos cae una maldita plaga a toda la humanidad (Si, a toda, aunque unos digan, por intereses tontos, que solo es en México). Eso nos pone casi sin refugio en el vórtice de un remolino social, que revuelve todo y nos complica la existencia, en dónde no contamos ya con la esperanza de una vecindad comprensiva, porque alguien nos ha puesto a todos contra todos. En dónde tuvimos que olvidarnos momentáneamente del desarrollo. En dónde los esfuerzos se tendrán que triplicar para conseguir un mejoramiento de empleos, salarios y seguridad. Y en lugar de que la mayoría estemos viendo cómo arreglar las cosas, los perversos y la política nos hacen enfrentarnos para no poder ponernos de acuerdo y sacar todo adelante. Hoy, mientras unos trabajan para demostrar que su transformación es la buena; otros trabajan para decirnos lo contrario, esperando que se nos haya borrado la memoria de lo que hicieron.

Hoy por hoy, gracias a las truculencias de los malos, nuestra espera de solidaridad, justicia y bien común, puede prolongarse, si no nos ponemos alertas. Se vienen las campañas políticas y deberemos de estar prevenidos contra los cantos de las sirenas que nos llaman, no a salvar a la patria, sino solo a quitar a alguien del poder, para ponerse ellos. Exactamente como sucede cada seis años.

Es decir, lo malo es que estamos mal y en la mira de muchos malos. Lo bueno es que como siempre, vuelve a estar todo en nuestras manos. Nosotros decidimos.

*El autor es consultor en participación ciudadana, desarrollo social y cultura de la legalidad.

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