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Columnas Mar de fondo

Las tres crisis que vienen

Mientras la mayoría de los mexicanos festejan o discuten sobre la rifa del avión presidencial o sobre los días de “puente” y demás temas que el presidente Andrés Manuel López Obrador aborda en sus conferencias mañaneras, hay tres crisis que se están incubando en nuestro país o están ya a punto de estallar.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Mientras la mayoría de los mexicanos festejan o discuten sobre la rifa del avión presidencial o sobre los días de “puente” y demás temas que el presidente Andrés Manuel López Obrador aborda en sus conferencias mañaneras, hay tres crisis que se están incubando en nuestro país o están ya a punto de estallar. Sólo basta revisar los datos del mismo gobierno o las fuentes oficiales, aunque ya se sabe que el presidente siempre tiene otros datos.

Estos tres temas que van a cobrar otra dimensión en los próximos meses derrumbaron a los gobiernos anteriores, desde Felipe Calderón a Enrique Peña Nieto, y crearon las condiciones para el ascenso y el triunfo de López Obrador y de su partido Morena, aunque ahora tienda a olvidarse. Los tres temas (y crisis que vienen) son la inseguridad y la violencia, el bajo o nulo crecimiento de la economía y el deterioro de la vida política, en especial la de los partidos políticos, el poder legislativo y los gobiernos.

Los tres problemas, entre otros, hundieron a los gobiernos del PAN y del PRI. La esperanza de muchos votantes es que con la llegada y el triunfo de AMLO habría un cambio radical en estos tres aspectos o cuando menos un nuevo enfoque. Pero, al contrario, las cosas han empeorado y pueden dar lugar a situaciones más graves, aunque hay muchos distractores para impedir que la gente los perciba.

La primera de estas crisis que puede agudizarse en los próximos meses es la de la inseguridad y la violencia generada por las bandas delictivas que existen en México. El cambio que hace AMLO con respecto a los gobiernos anteriores es dejar de perseguir a estos grupos con el afán de exterminarlos o reducir su fuerza, como lo hicieron Calderón y Peña Nieto. Ahora no se puede decir que se les tolera, pero tampoco se ve que haya una lucha frontal contra ellos por parte del gobierno.

La idea de AMLO es que si se deja de perseguir o acosar al crimen organizado bajará el número de muertos, se acabará la “guerra contra el narcotráfico” y se avanzará al mismo tiempo en crear las condiciones sociales para que el crimen no reclute de entre los jóvenes o entre los más pobres a sus miembros. La idea es buena pero es ilusa e irreal. Simplemente durante su primer año de gobierno el número de homicidios dolosos alcanzaron la cifra de 36 mil, que es la más alta en estos últimos años. Pero al margen de los datos, resulta evidente que la inseguridad y la violencia van en aumento en todo el país, desde la Ciudad de México hasta otros estados y ciudades en las que han aumentado los robos y los asaltos con violencia, las muertes, los feminicidios y un estado latente de inseguridad y temor.

Si todo esto no se detiene en los próximos meses, en especial durante este año, el escenario es casi apocalíptico para algunos estados y ciudades, aunque exista la pretensión de parte de los gobiernos de Morena de minimizar el fenómeno o de ofrecer cifras que muestran que aparentemente se están abatiendo o sofocando a los grupos delictivos. Aunque la realidad sea otra, o mejor dicho, la misma que los ciudadanos han venido padeciendo desde hace años.

La segunda crisis que viene es la de la economía. Todos los indicadores apuntan a que la economía del país no está creciendo y no va a crecer en todo el sexenio, aunque López Obrador enfrente el problema con un juego de palabras entre el desarrollo y el crecimiento económico, haciendo creer que si la economía no crece habrá de todas formas “desarrollo”. No es así. Bajo cualquier concepto, para que haya desarrollo tiene que haber de alguna manera crecimiento de la economía.

AMLO en realidad no quiere admitir que en todo esto hay un error de origen, que consiste en haber impedido la construcción del aeropuerto de Texcoco en la Ciudad de México, una decisión que golpeó la confianza y la seguridad en su gobierno por parte de los inversionistas y empresarios. La crisis de la economía es una amenaza latente, con hondas repercusiones a nivel general.

Por último, la tercera crisis que viene es la de carácter político, que también es bastante conocida por todos nosotros. En su afán de controlar todas las instituciones, AMLO está provocando un deterioro de la democracia al tiempo que construye un régimen político con tintes autoritarios. Sus intentos por controlar al INE, por ejemplo, pueden dar lugar a un recrudecimiento o a detonar esta crisis política, aboliendo a una de las instituciones que ha sido clave en nuestra débil democracia.

No hay, como se quiere hacer creer, un nuevo sistema donde impera la austeridad republicana, sino más bien lo que hay es un profundo deterioro de todo, incluyendo el debilitamiento de la democracia. Preocupa mucho que esta situación sea más el resultado de las visiones erróneas de AMLO, que de la profundidad de los problemas del país o de sus rezagos históricos. Es decir, preocupa que sea el mismo gobierno el detonante de estas crisis. ¿Aguantará otra vez el país?

*El autor es analista político

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