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Columnas Águilas y serpientes

Las mujeres y el morado

Acabamos de vivir unos movimientos más de la lucha de las mujeres por sus derechos, justicia y seguridad.

Por Rafael Liceaga

Acabamos de vivir unos movimientos más de la lucha de las mujeres por sus derechos, justicia y seguridad. Y los eventos que organizan suelen estar acompañados por pancartas, pañuelos, banderas y camisetas de color morado. ¿Cuál es su historia y significado? Veámoslo para entender los hombres un poco más en qué las estamos apoyando.

Hay distintas versiones sobre el motivo por el cual se ha adoptado este color que enarbola la lucha por la igualdad de la mujer. En los inicios del movimiento feminista, en la primera década del siglo pasado, los colores reivindicativos eran el morado, el blanco y el verde. Tonalidades escogidas por las sufragistas inglesas en 1908, quienes explicaban que “El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza en un nuevo comienzo”. ¿Esto lo sabrán todas las mujeres de hoy?

Hay otras teorías del por qué de la elección del violeta. Según una de estas hipótesis, el morado sería el resultado de la mezcla de dos colores; el azul y el rosa, que simbolizan la igualdad de género. Sin embargo, la explicación más extendida, y la que suscita más consenso entre las mujeres, asocia el color violeta a un suceso trágico que impulsó las primeras grandes protestas feministas, y que sucedió el 25 de marzo de 1911, en donde más de 140 trabajadores de una fábrica textil de Nueva York murieron en un incendio.

La mayoría de los fallecidos eran mujeres, jóvenes inmigrantes, de procedencia judía e italiana, que confeccionaban camisas de hombre. Estas prendas, supuestamente, eran de color lila. Las condiciones de trabajo eran difíciles.  Se trabajaban diez horas diarias y otras siete los sábados por un salario ínfimo. Aunque nunca se pudo demostrar, se sospecha que fue uno de los dueños de la fábrica quien prendió fuego al edificio como respuesta a las protestas de las trabajadoras.

La leyenda también cuenta que el humo que salía de la fábrica después del incendio, y que se podía ver a kilómetros de distancia, era de color violeta, color de la tela con la que estaban trabajando. Las empleadas no pudieron huir de las llamas porque las puertas de la fábrica estaban cerradas para impedir que abandonaran el sitio.

Sea el color que sea, los hombres deberíamos solidarizarnos a los legítimos afanes. Es verdad que hay exageradas, intransigentes y violentas. Es verdad que hay infiltrados. Es verdad que en los movimientos se meten los partidos políticos, etcétera. Pero todo eso no quita la legitimidad de la inmensa mayoría de las mujeres que lucha por una igualdad justa y un alto a la violencia contra ellas.

A los jóvenes de la tercera edad, que nos educaron hace tiempo, o nos maleducamos, las mujeres modernas, deberían de tenernos paciencia mientras estamos en nuestro proceso de reeducación. Amor y paz.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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