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Columnas Mar de Fondo

Las lecciones de Bolivia para México

El caso de Bolivia y de su presidente Evo Morales ha ocupado la atención en esta última semana a nivel mundial y nacional.

Por Benedicto Ruíz Vargas

El caso de Bolivia y de su presidente Evo Morales ha ocupado la atención en esta última semana a nivel mundial y nacional. Al calor de los acontecimientos, como siempre, las posturas se polarizan y se forman dos bandos que exacerban o simplifican a su conveniencia la realidad. Para salir un poco de este círculo, veamos el caso desde una perspectiva más amplia y las lecciones que se derivan para México.


1. Una primera lección es que bajo ninguna circunstancia es aconsejable que los
gobiernos o los presidentes de un país se “eternicen” en el poder, como es el caso de Evo Morales y de muchos otros en América Latina. Morales ocupaba la presidencia desde hace 13 años y ahora en las elecciones recientes del 20 de octubre buscaba su cuarta reelección para concluir en 2024.


Se sabe que la gran mayoría de los líderes o los partidos políticos que se eternizan en el poder, ya sean de la izquierda o de la derecha, lo hacen en nombre del pueblo, aunque no siempre esa afirmación sea exacta. Muchos de ellos, la verdad sea dicha, lo hacen a través de la fuerza, ya sea militar o a través de los aparatos de gobierno. El punto es que cualquiera que sea la razón, mantener por mucho tiempo el poder es contrario a la democracia.


2. La segunda lección es que, otra vez bajo ninguna circunstancia, se debe violentar la
legalidad que prevalezca en ese momento. En Bolivia se realizó un Referéndum en 2016 para preguntar si se modificaba la Constitución (para aprobar la reelección) y la mayoría lo rechazó. No obstante, Morales volvió a intentar su reelección y el Tribunal respectivo permitió su registro, a sabiendas de que no estaba permitido.


3. Con este antecedente ya de por sí conflictivo, aunado a la suspensión del conteo
electoral el día de las elecciones por más de 24 horas y la voltereta que sufren los
resultados después de ese incidente que seguramente iban a obligar a llevar a cabo una segunda vuelta, fermentaron las condiciones para que estallara la inconformidad de los opositores de Morales.


En sus propias palabras, lo que se produjo fue “un golpe cívico, político y policial” en
Bolivia, lo que hace emerger a los grupos más fanáticos y extremos de la sociedad y el ejército que le dan la connotación más evidente a la salida de Morales, pero no dejan ver la magnitud del descontento de otros grupos de la sociedad.


4. Sin embargo, más allá de las circunstancias específicas de Bolivia y del liderazgo de Morales, lo cierto es que en casi todos los países de América Latina hay dos fenómenos que acechan constantemente la estabilidad y la gobernabilidad democrática: la desigualdad social y la pobreza que se aúnan a las diferencias étnicas y de clase y, en segundo lugar, a la frágil legalidad que impera en estas regiones.
A esto hay que sumar la debilidad de las instituciones, la inseguridad o la falta de
certidumbre, la violencia sistemática y un sistema democrático siempre a punto de
romperse.


5. Una condición estructural e histórica que sirve como tierra fértil para el surgimiento de líderes iluminados, gobiernos populistas o tiránicos que se presentan como salvadores de la patria. O bien, grupos de poder oligárquicos que se alían a las fracciones más duras del ejército y a los grupos extremistas de la derecha que, todavía bajo los reflejos de la guerra fría, ven en cualquier movimiento social los signos del comunismo y del socialismo.


Esta frágil y compleja realidad hace de los países latinoamericanos una bomba de tiempo, siempre a punto de estallar, y en la que las salidas casi siempre desembocan en la violencia social y política, reiniciando trágica y constantemente el mismo ciclo.


6. Una lección histórica que hasta ahora podemos sacar no sólo de Bolivia sino de casi todos los países del continente es esta: ni los gobiernos autodenominados de izquierda ni los gobiernos militares o de la derecha que han estado ahí por décadas, han servido para mejorar la terrible situación de América Latina. Ni las dictaduras más atroces ni los gobiernos autodenominados de izquierda o pseudomarxistas han representado una alternativa para la población.


7. Las lecciones de Bolivia para México son evidentes, ahora que el gobierno de López
Obrador empieza a alinearse y ver con simpatía al bloque de esa izquierda
latinoamericana que le gusta eternizarse en el poder. Hay visos de que quiere seguir la
misma ruta al debilitar o capturar a las instituciones, al despreciar la democracia
institucional, al crear una propia legalidad y al enarbolar un discurso populista donde el sujeto principal es el pueblo, aunque sea sólo el pueblo de ellos.


Aunque parezca un tanto utópico, la única salida es restituir o construir un sistema
democrático, el único antídoto contra el populismo y el mesianismo de sus líderes
políticos.

El autor es analista político.

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