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Águilas y serpientes

Las heroínas de la Independencia

El movimiento de Independencia de México, abarcó desde las primeras conspiraciones y el inicio del levantamiento armado, la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

Por Rafael Liceaga

El movimiento de Independencia de México, abarcó desde las primeras conspiraciones y el inicio del levantamiento armado, la madrugada del 16 de septiembre de 1810, hasta su consumación en 1821, con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, al mando de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero.

Las mujeres en México siempre han participado en los movimientos que se han gestado a lo largo de la historia. Por ejemplo, el de la Independencia. En éste acompañaron a los hombres en la lucha, brindándoles atención, cuidados, alimentos, compañía y aliento. Y ni que decir de las “Adelitas” en la Revolución. Las mujeres han colaborado tenazmente en la construcción de este país y han sido piezas fundamentales en el desarrollo de todos esos movimientos, pero en pocas ocasiones se ha reconocido la valía de su intervención. La historia escrita, hasta hoy, sobre el movimiento independentista y otros, ha sido realizada la más de las veces por hombres que, con o sin intención, han dejado fuera de ésta a las mujeres. Eso no las deja fuera de los próceres de nuestra patria.

¿Por qué se olvidan? Nos dice Patricia Galeana que junto con los conquistadores españoles llegó a México la cultura de la Contrarreforma, la cultura de la intolerancia religiosa, que dominó nuestro país hasta el triunfo

del liberalismo, y que la cultura religiosa de la Nueva España consolidó, arraigó y perpetuó el sometimiento de las mujeres a la sociedad patriarcal, en la que su función social se limitó a la actividad reproductiva. Aquí está parte de la respuesta.

Hay machismo en la omisión histórica de las heroínas. En la historia nacional, la participación femenina la hemos hecho a un lado, y hay que rectificar. Las heroínas tal vez no tuvieron una participación sobresaliente como Josefa Ortiz de Domínguez o Leona Vicario, quienes dedicaron su fortuna y su vida a la causa de la Independencia, “sin embargo trascendieron más por el espíritu de sacrificio y por sus sorpresivas acciones valerosas, que por su importante participación como abnegadas y fieles esposas, hermanas, hijas o madres valientes que animaron y aconsejaron a sus esposos, padres e hijos”. Muchas perdieron la vida en la lucha. Otras muchas fueron hechas prisioneras.

Una heroína fue Rafaela López Aguado de Rayón, madre de los hermanos Rayón. Otra fue María Ricarda Rosales, sobrina de Víctor Rosales, quien fue aprehendida en octubre de 1814 en la batalla del Maguey y recluida en las cárceles de la Inquisición, de las cuales se fugó con ayuda de Leona Vicario. Otra fue Guadalupe Rangel, esposa de Albino García, quien montada a caballo y con el sable en la mano tomaba parte en los combates. Otra, la esposa de José María Liceaga, quien, a la muerte de su marido en 1818, fue detenida, acusada de traición y trasladada a la cárcel de Silao, Guanajuato.

Honor y gloria a las heroínas que también nos dieron patria.

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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