Columnas El arte de la guerra

La tragedia del SITT

Siendo la tercera ciudad más poblada del país, Tijuana tiene el transporte más caro e ineficiente, con intentos vanos de mejorarlo desde hace ocho ayuntamientos.

Siendo la tercera ciudad más poblada del país, Tijuana tiene el transporte más caro e ineficiente, con intentos vanos de mejorarlo desde hace ocho ayuntamientos.

Con una afluencia diaria de 800 mil personas en taxis, calafias y camiones, los usuarios pagan el doble del costo promedio nacional.

En Tijuana transitan más de 3,500 unidades de transporte público, repartidas entre 12 concesionarios, 120 rutas oficiales, todas desarticuladas, donde un usuario toma 2.5 unidades promedio por traslado y gasta alrededor del 25% de su sueldo.

Adicional a este viacrucis, el exceso de transporte, incluyendo unidades piratas, son parte responsables del caos vial de la ciudad.

El caos vial se ve empeorado ante la alternativa que ha tomado algún sector de la población, que para evitar el transporte público, compran vehículos usados a precios accesibles que circulan sin placas e importación, llamados coloquialmente “autos chocolate”.

Se calcula que un 30% del millón de vehículos en circulación son "chocolates".

En busca de solución, y desde hace dos administración municipales, se inició el Sistema Integral de Transporte de Tijuana (SITT).

Bajo el esquema “pari passu”, se invirtieron $1,600 mdp subsidiados al 50% por el gobierno federal, con el Ayuntamiento anterior pagando la otra mitad a través de deuda pública, donde los autobuses y la operatividad fue concesionada a un consorcio de 12 empresas transportistas tijuanenses.

El SITT proyectaba en una primera fase 45 estaciones con 35 kilómetros de ruta, semáforos sincronizados, puentes peatonales, internet gratuito, aire acondicionado, cámaras de seguridad, acceso a discapacitados y pago electrónico con tarifas reducidas.

La inversión y todas las concesiones fueron otorgadas por la administración municipal anterior.

El SITT actualmente no ha cumplido con la misión para la que fue diseñado. Su infraestructura invade las vías existentes, está sucio, vandalizado y semidestruido.

El proyecto que estaba planteado para atender hasta 300 mil pasajeros diarios, según la concesionaria solo atiende 12 mil, donde el Ayuntamiento no ha cumplido los acuerdos arriba descritos.

En estos tres años de la administración municipal actual, la ruta troncal no llegó al 100% de funcionamiento de la primera etapa, la cual contemplaba 150 unidades operando, y 43 estaciones incluyendo 28 rutas alimentadoras.

El pasado 13 de agosto, la concesionaria anunció la cancelación de su participación del proyecto.

Adicional a los argumentos antes descritos, la concesionaria también argumenta que la ruta principal no es una ruta natural, donde la verdadera demanda de transporte está en otras zonas de Tijuana.

Finalmente, al Ayuntamiento actual llegó a un acuerdo el pasado viernes con la concesionaria para reiniciar el servicio.

Dentro de los compromisos prometidos por la autoridad estuvo evitar la invasión de rutas de otros transportistas y reuniones periódicas para retomar los compromisos adquiridos.

El SITT es una verdadera tragedia para Tijuana.

Se debe transparentar el proyecto, ponerlo a funcionar a la brevedad y en caso contrario deslindar responsabilidades y proceder legalmente contra quien resulte responsable.

La inversión e impacto social del proyecto lo exige.

* El autor es presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado.

Comentarios