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Columnas Casillero

La peligrosa ociosidad de los diputados

“La ociosidad, como el moho, desgasta 
mucho más rápidamente que el trabajo.”

Benjamin Franklin

 

Por Ignacio Calderón Tena

A propósito de la ocurrencia legislativa del Diputado Miguel Ángel Bujanda, que buscaba sus 5 minutos de gloria al pretender mover la capital de Baja California, vale la pena comentar lo peligroso que resulta para la ciudadanía, estar sujetos a las ociosidades de un grupo de legisladores que sin empacho alguno hacen propuestas ociosas y sobre todo, sin asumir las consecuencias que sus actos generan. 

Casos de ocurrencias o torpezas legislativas hay muchas, lo que no hay son sanciones a esos malos representantes sociales que lo mismo son sorprendidos llevando a cabo bacanales en las instalaciones legislativas o como nuestra brillante diputada local sorprendida con su cerveza en la mano en sesión legislativa.

En México, cuando una concursante gana el certamen de Señorita México, tiene que pasar un año antes de que concurse en Miss Universo, tiempo en el cual recibe una profunda preparación en temas que van desde pasarela, personalidad, idiomas, cultura general, oratoria, etc. Y solo después de ese año, estará lista para representar a nuestro glorioso país ante el mundo; sin embargo, si esa misma persona gana una elección para ser diputada o senadora, lo único que tendrá que hacer es aprender a levantar la mano y aprobar cualquier clase de tontería que le presenten.

En los Estados Unidos existe el concepto del “accountability”, que se puede traducir como la corresponsabilidad entre el servidor público y los gobernados, obligándole a responder frente a ellos por las malas decisiones que toma. Esto debería existir con nuestros legisladores y sancionarlos por las ociosidades legislativas en función de las afectaciones que le causan a la sociedad.

Resulta de tal trascendencia la actividad legislativa que no puede quedar solo en sus manos, por lo que tiene que haber esa auténtica corresponsabilidad de nuestros representantes populares, además de los candados que les impidan modificar leyes a su antojo, sin tomar en cuenta las consultas pertinentes y bien documentadas que avalen la necesidad de dichas adecuaciones jurídicas, pues de lo contrario podríamos caer en el juego de que un diputado de determinado partido legaliza el aborto y a la siguiente legislatura lo despenaliza o en un periodo de sesiones se grava el IVA en alimentos y en el siguiente se elimina su gravamen.

México no puede estar a merced de caprichos o de corazonadas legislativas, es necesario que estos cuerpos colegiados se profesionalicen y que sus propuestas legislativas no sean meras ocurrencias, sino la respuesta a reclamos populares. Suena difícil de lograr, pero tenemos que pugnar porque se dé, pues solo así se irá revalorando la pobre imagen que de ellos tenemos los ciudadanos.

Los servidores públicos tienen responsabilidades enormes en el manejo de los asuntos públicos, ya que sus acciones pueden afectar directamente el bienestar social y los resultados de la gestión del gobierno. El comportamiento ético de los servidores públicos es una condición necesaria para un buen gobierno.

Por lo pronto, se espera de los partidos políticos algo de congruencia y que llamen  cuentas a esos diputados ociosos para que por ningún motivo se les renueve, a los 3 años, su licencia para seguir de ociosos y ocurrentes, ahora que hay reelección. 

*- El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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