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Columnas La verdad sea dicha

La pandemia del poder

Hay desesperación, incertidumbre, crisis, desgano, cansancio en mucha parte de la población.

Hay desesperación, incertidumbre, crisis, desgano, cansancio en mucha parte de la población. Eso debería obligar a quienes gobiernan, o desgobiernan, a tomar decisiones y comunicarlas a la población, de manera mucho más clara, creíble, que no se vean como actos de corrupción, caprichos de un gobernante o el deseo de apoyar a quien financió campaña. 

En la época de pandemia, de virus, crisis económica, social y colectiva, la empatía entre el gobernante y el ciudadano debe ser de mayor profundidad. 

Ambos se necesitan, aunque se digan vecinos distantes. 

Sin lugar a dudas que la semana pasada se puso a prueba esa alianza que se espera entre gobernantes y población, sobre todo, en estos tiempos. 

En primer lugar, se aumentaron algunos servicios en Recaudación de Rentas, lo relacionado con licencias y tarjetas de circulación. Un golpe a quienes hacen un esfuerzo por salir adelante, que tienen un auto para realizar sus actividades productivas, en plena pandemia y crisis. 

En segundo lugar y de lo cual nos ocuparemos, en pleno semáforo epidemiológico en color rojo se anunció un "ensayo". Sí, un experimento. Se permitió la reapertura del casino Arenia, en Mexicali, para ver cómo respondía la gente en este tipo de negocios y saber si pueden abrir otras casas de apuesta, pese al semáforo rojo. 

De nueva cuenta los mensajes cruzados y confusos de la autoridad estatal en el área de la salud. 

Un casino reabierto. El que mejor respondió a los protocolos de salud, justificaron las autoridades estatales. 

Y la duda fundamentada: acaso los Caliente no tenían la experiencia suficiente para cumplir con el plan de seguridad e higiene contra el Covid-19. 

O fueron más fuertes las diferencias y enfrentamientos entre el gobernador Bonilla y el dueño, el priísta, Jorge Hank. 

Acaso fue que Arenia puso su gel antibacterial y su tapete sanitizante mejor o fueron las influencias ejercidas de su dueño, el ex alcalde de Tijuana, Carlos Bustamante. 

El problema es la falta de una estrategia sanitaria y cumplimiento de leyes o reglas claras. Qué tipo de negocios abrir, cuándo y en qué circunstancias. Nada claro. 

Se supone, por el discurso de Bonilla, que no hay "vacas sagradas", pero no queda claro si aplica a las actuales, o si solo son para las anteriores. 

Escenarios donde la desigualdad y el poder económico juegan un papel central, pero, en donde por las actuales circunstancias se debe tener un discurso mucho más convincente, donde la población quede convencida de las acciones desarrolladas por sus representantes. 

Ha sido casi un año de duros golpes para la población, en donde se ha puesto a prueba su capacidad de sobrevivencia, de reinventarse ante la adversidad, de tratar de salir adelante con la autoridad, sin la autoridad o pese a ella. 

Por eso, hoy más que nunca, es necesario que los gobiernos envíen mensajes claros que ayuden a los representados a salir adelante. 

No sólo es problema de estrategia, sino también de comunicación clara y contundente, que dé certeza a la población acerca de las medidas sanitarias que se hacen para enfrentar la pandemia sanitaria y la del poder. 

La verdad sea dicha 

* La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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